Por Hugo Barrios @Huguelli “Soy virgen. Cómanme”. Esto es lo que se podía leer en el cartel que colgaba del cuello de uno de los “bichos” de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Itapúa (UNI). Estaba arrodillado, con los ojos vendados y luciendo apenas el anatómico.
Cerca de él, otros nuevos ingresantes lucían igual: semidesnudos y de rodillas. A su alrededor, los “dioses” fumaban y le bajaban al trago de la rubia espumante, admirando con gracia sádica el espectáculo. En otra de las fotografías que circuló por las redes sociales, podía verse a un muchacho con el lomo completamente marcado. Se nota que ligó unos cuantos latigazos. Estaba atado a un árbol. Solo lucía la ropa interior y sus nalgas “respiraban” a través de dos orificios.
Así recibieron su bautismo los nuevos alumnos de la alta casa de estudios itapuense. Esta clase de recibimientos es de lo más común en los últimos años.
El ritual se cumple con dos preocupantes condimentos. Por un lado, algunos son obligados a participar de la ceremonia. Otros lo hacen por puro gusto. ¿Son masoquistas? Por el otro, están los que encuentran simpático someter a vejámenes a los nuevos compañeros. Estos son los que justamente se creen “dioses” por humillar al prójimo. Sienten placer ver sufrir a sus víctimas.
Después nos preguntamos por qué la sociedad está como está. Ritos enfermos y estúpidos como el bautismo a los flamantes universitarios de la UNI terminan muchas veces en el hospital, con un paciente reventadísimo por haber sido obligado a ingerir hasta aceite de motor o hasta orín, pero esto solo queda para la anécdota.
Las autoridades de la universidad, comunicado mediante, anunciaron la apertura de una investigación para “identificar a los responsables y posterior aplicar las sanciones”. Según sus estatutos, no está permitido este tipo de actividades. No sé ustedes, pero yo pensaría dos veces antes de dejar en manos de estos futuros profesionales la ejecución de alguna obra. Ya tú sabes.