Columnistas

El castigo no los hará cambiar

Se sabe que fue a la despensa. Iba a comprar una esponja y tenía que volver, pero no lo hizo. Sin embargo, el mandado fue encontrado al ladito de su cuerpo calcinado.

Se conoció hasta el último bocado que probó por última vez. Detalles que ayudaron a identificar a la pequeña de 7 años, asesinada en manos crueles y mezquinas en Minga Guazú.

La hipótesis policial: el ex de la prima de 17 años no aceptaba la ruptura y se vengó “donde más le duele”.

El sermón del sacerdote: Hay que hacerle caso a la mamá cuando te dicen que esa persona no es buena. Es decir, la adolescente tuvo la culpa de haberse involucrado con el principal sospechoso y no haber adivinado lo que podía ocurrir.

El consejo general: “No le manden al almacén”, “no los dejen jugar en la plaza”, frases que son válidas, pero duelen, porque aquellos monstruos truncan la libertad de los niñitos y niñitas.

Surgió entonces el tema de la castración química para aquellos que violenten a los niños. El abusador puede ser castrado, pero esta medida no cambiará el pensamiento de una cultura violadora. Hemos visto casos de abuso sexuales que no precisamente usan el pene para violentar.

Dejá tu comentario