@paredesjor33 De un tiempo a esta parte decidí utilizar, ya no de vez en cuando sino a diario, el transporte público para trasladarme a mi lugar de laburo. Los viajes diarios me demuestran, realmente, lo terrible que es el transporte público en nuestro país.
No se avisora, en corto tiempo, que las chatarras terminen de circular por nuestras calles y rutas nacionales. Si bien, los micros de servicios diferenciados dieron un poco de alivio a los pasajeros, muchos vicios de los choferes y mismo de los usuarios, persisten.
Comencemos citando lo “folclórico” del “bendito” transporte público que pone al servicio de la ciudadanía los empresarios chatarreros. El horario de salida o llegada, solo figura en alguna hoja de papel, pegada en las paradas. Luego, pasemos al trato que le dan a los pasajeros muchos conductores, que parecen que han salido de alguna jaula.
Después, está la “pelea” por la famosa monedita de cien’i para completar el boleto o para el vuelto. Famoso que acá cuando le falta al pasajero no hay tu tía, pero cuando el chofer no completa el vuelto ya es motivo de discusión y a veces, el conductor termina “invitando” a abordar otro chatarra.
No faltan los pasajeros que se amontonan en la puerta de ascenso o descenso por más que haya lugar en medio de los colectivos, para los que viajan parados. El famoso “más hacia el medio” es una frase que a más de uno le hace refunfuñar.
Luego viene la cachaca a todo volumen, las carreras alocadas entre los micros, la pelea por los pasajeros y algunas que otras coleadas entre las unidades que por poco no se destartalan todo. Pero lo más llamativo fue que una vez, un chofer decidió, en medio del viaje, cambiar de itinerario y dejar varados a sus pasajeros.
En fin, en este espacio no podré contar todas las “historias” de micros que ya vi en poco menos de dos meses. Ah, y antes de olvidarme, varias veces observé coimeadas de choferes a “zorros” y a funcionarios de Dinatran. Como no tengo pruebas, solo cuento como anécdotas.