06 feb. 2026

Durmiendo con el enemigo

@santula @santula

No será la historia de los Burney, aquel matrimonio que se hizo famoso en los ’90 por sus tramas amorosas. Este es un drama más cercano, que de manera sorprendente sigue teniendo giros inesperados y remates propios de un éxito de taquilla.

El protagonista se llama Horacio, un poderoso empresario de un corrupto país de Sudamérica, pero de gente trabajadora y sacrificada. Sin jamás haber votado en su vida y luego de haber financiado la campaña del Partido Liberal, decidió un día alquilar el otro partido, el más importante e histórico de ese país, el Colorado. Coqueteó con sus dirigentes, él puso la plata y el partido hizo de tripas corazón, se olvidó de su historia de tradición y prestó su estructura, aprovechando la llegada del mesías que a fuerza de los verdes le permitió recuperar el poder. Se convirtió en Presidente de la República.

En dos años de gobierno nos sorprendió con frases disparatadas y con decisiones increíbles. La última, la más reciente: el nombramiento de Jalil Rachid como viceministro de Seguridad. El hombre quizá pueda sorprendernos siendo un crack en el área, pero políticamente es una determinación que parece tomada por el enemigo más importante del Presidente. Como fiscal llevó la causa más sensible en los últimos años, la de Curuguaty, de la manera más discreta y temeraria posible. Sin dudas la pobre investigación y la falta de cintura en la conducción lo condujo a los escraches sociales.

En una entrevista en radio me dijo que era imposible determinar quién disparó primero y quién mató a quién en Marina Kue. Al mismo tiempo, imputaba a campesinos por homicidio doloso. La jugada es inentendible. La única explicación posible es sacar a Rachid del caso Curuguaty, a las puertas de una definición, para salvarlo del fiasco.

Como determinación en términos políticos es casi equiparable con nombrar a Walter Bower para ese cargo. Ni más ni menos. Horacio no deja de sorprender. El guión parece escrito por su peor enemigo