@paredesjor33 Me considero un pecador más, pero con una fe profunda en la enseñanza de la doctrina cristiana y católica. Crecí en un seno familiar donde Cristo y la Virgen María forman parte de la vida. Luego, en la parroquia de Ñandejára Guasu de Piribebuy fui limpiador del templo, campanero, monaguillo, lector, monitor y servidor.
Mi estudio secundario terminé en el colegio religioso Santo Domingo, de la misma ciudad. Pasé por el seminario menor San José durante el proceso de descubrimiento de la vocación; allí hice el curso propedéutico y, finalmente, pasé al Seminario Mayor Nacional. En todo ese tiempo me enseñaron que el camino de la fe es estrecho y empinado. Aprendí a vivir y practicar mi fe en Dios. Abandoné el seminario por decisión personal. Me acuerdo aún de las palabras del rector, de aquel entonces, padre Pedro Arriba (español): “afuera, la vida es dura”. Aún así, dejé mi estudio filosófico y teológico y continué la carrera de Filosofía en la Universidad Católica.
Quería ser “un buen sacerdote” y la formación de aquel entonces, en el seminario mayor, no me convencía. Incluso manifestaba eso a mi superior (hoy es obispo). Fue entonces, al comienzo del año, cuando en la puerta de una habitación ya estaba escrito mi nombre en un papel para ocupar, tomé mis cosas y me retiré.
Fui a instalarme en Caacupé, serví como lector en el equipo litúrgico del santuario de la Virgen, pero una vez más el interés mezquino y grupismo hizo que desistiera de seguir colaborando. Me llamaron a la parroquia local, donde seguí aportando mi granito de arena en el equipo litúrgico. Sin embargo, hoy continúa sonando en mi mente aquellas palabras del padre Arriba: “afuera, la vida es dura”.
Realmente, es duro saber que la iglesia católica siga protegiendo, no solo a sacerdotes que abusan de menores sino también a curas que son responsables de destruir matrimonios, burlándose de su ministerio sacerdotal. La Palabra de Jesús hoy está tan vigente: ‘Ay de aquel que escandalice, más le valdría que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al mar”. ¡Qué dura advertencia!