@uruser La brecha entre pobres y ricos se va ampliando. A nivel mundial es obsceno: gente que no tiene qué tomar ni qué comer, sin servicios sanitarios, que sobreviven y mueren con muchas penas y ninguna gloria; en el otro extremo, personas que tienen dinero para vivir muchas vidas y podrían comprarse países enteros si lo quisieran.
En nuestro país el esquema se repite: gente que vive al día o atrasado, comiendo salteado y mal, sin servicios de salud y con un futuro, en el mejor de los casos, incierto. En el otro extremo los dueños del dinero y del poder.
En el medio, los que quieren mejorar, por las buenas o por las malas, agarrando su pedazo de la torta, a veces por cualquier medio.
Para mediar en este tira y afloje, nuestros dirigentes deberían legislar para tener un mejor reparto de la riqueza que el país produce.
Lamentablemente, no tenemos esa dirigencia o ha de ser una minoría. Los legisladores bajan los gastos en salud y educación, pero se autoaumentan. Un exministro de la corte, que salió sospechado de su cargo y con una edad ya bastante avanzada, es contratado como asesor, con parientes por supuesto.
Ya sabemos que no les importamos, pero podrían ahorrarse las muestras de impunidad, de despilfarro, del “sálvese quien pueda”. Podrían tomarse el colectivo, andar con la gente que viaja colgada en los estribos para llegar al trabajo, hablar con lo que van al abasto y llenan sus bolsas para revender.
Si andan con un poquito más de tiempo, podrían tomarse los colectivitos que van a Clorinda y Falcón (5.000 nomás cuesta), sentarse en bolsas de mercaderías, sacar las cuentas de lo que gana la gente por día. Ya sabemos que no les importamos, pero podrían disimular… un poquito aunque sea…