Por Hugo Barrios @Huguelli El periodista es escéptico por naturaleza. Duda de casi todo. Tiene la habilidad (o el defecto) de desconfiar de acciones que aparentan ser trasparentes y fuera de todo atisbo de corrupción o mala fe. Tiene un buen olfato: casi siempre, algo le huele mal.
Hace poco más de dos años, mientras viajaba a bordo de una unidad del transporte público, subió un hombre que se presentó como el papá de una niña que necesitaba recibir un trasplante de corazón. Tenía una alcancía en la que podía verse el rostro de una hermosa nena, dos números de teléfono y una cuenta bancaria. Contó que, para someterse a la cirugía, ya tenía 62 de los G. 120 millones que se requerían para solventar los gastos.
Lo que me llamó la atención fue que su tono parecía más el de un vendedor que recitaba de memoria el libreto de virtudes de su producto. Dijo que la paciente estaba internada en el IPS. Me pareció llamativo, ya que los medios no se habían hecho eco del caso. Además, hay convenios en este tipo de situaciones: el Ministerio de Salud absorbe todos los gastos de operación.
Ese mismo día llamé a la previsional y me informaron que no había criatura alguna a la espera de un trasplante. Llamé varias veces a los números que aparecían en la alcancía y siempre me dieron apagado.
Esta semana, luego de mucho tiempo, volví a ver al protagonista en el micro. El repertorio era el mismo. Reiteró que ya tenía 62 de los G. 120 millones que se requerían para los gastos. Solo que, esta vez, ya no era para un trasplante, sino para un tratamiento en un hospital privado. Mostró el recorte de un periódico que contó su caso. Comentó que también fue publicado en otros dos diarios. Busqué las notas en internet y solo había el reportaje que mostró a los pasajeros. La historia giraba solo en torno al papá. No hablaban médicos sobre el estado de la criatura. Llamé al centro asistencial privado y no tenían registrado paciente alguno con el nombre de la niña.
Hasta hoy tengo mis dudas sobre la historia que cuenta el hombre. Hay varias cosas que no me cierran. Espero que mis sospechas no estén equivocadas, que el tipo sea solo un embaucador y que la historia de la niña enferma del corazón sea falsa.