Por Hugo Barrios @Huguelli No sé si soy yo nomás pero cada vez que viajo en ómnibus siempre observo escenas que conmueven, irritan, indignan o causan gracia. O todos esos sentimientos al mismo tiempo. Esta semana me quedo con lo que vi en mi ciudad, San Lorenzo, muy cerca de la catedral. La luz del semáforo se pintó de rojo y el colectivo paró la marcha.
Miro por la ventanilla y veo que un nene de unos 8 años le estaba leyendo a su mamá un libro. Se nota que era un material de la escuela, con esas figuras en colores que sirven para graficar el significado de las palabras. Algo así. La mujer lo observaba atenta, mientras frente a ella hervía una olla repleta de panchos y verduras picadas. A lo largo de la vereda estaban las habituales cajas de manzanas y restos de fruta podrida. Los vendedores ambulantes subían y bajaban de las unidades, ofreciendo sus productos.
Al terminar la lectura, la señora batió las manos para aplaudir lo que acababa de escuchar. Su expresión fue tierna y el chico sonrió de oreja a oreja. La mamá parecía que acababa de presenciar el mejor espectáculo de su vida. La luz del semáforo brilló de verde y el micro siguió su marcha.
Me quedé pensando en cuán admirables son las ganas de aprender, de querer sobresalir pese a las adversidades. El chico no estaba en la comodidad de su casa para repasar la lección escolar, sino al costado de la ruta, bajo un sol insoportable y con el incesante vaivén de vehículos, con el ruidazo que todo eso implica.
Lo que el nene interpretó, quizás sin darse cuenta, es que el saber no ocupa lugar. Le importó tres pepinos que toda esa atmósfera rodeara su momento de lectura, de estudio, de aprendizaje. Estaba ahí para ayudarle a su mamá a llevar el pan diario a casa. Y pensar que muchos no valoran que sus padres se rompan el lomo para brindarles la mejor educación.
Encuentran en el colegio un fastidio o juegan a asfixiarse para hacer pasar el tiempo. Por fortuna, hay chicos como el pequeño lector que se las ingenia para todos los días seguir buscando el conocimiento. Ya tú sabes.