hectortiz65@hotmail.com El chiste, cuando es explicado, deja de ser chiste. Lo más incómodo para uno es que, cuando en una rueda de amigos se pone a contar un chiste y muchos no lo entienden; entonces, debe ponerse a explicarlo, para darle sentido a su relato y que se capte el sentido jocoso que, supuestamente, debería tener.
Algo parecido ocurre con muchas noticias que publican los medios de comunicación, a través de internet, en las que el público no se percata de lo que realmente se está informando y algunos, apenas después de leer el título, ya se ponen a criticar, principalmente en Facebook o Twitter.
Es notorio cómo la gente entiende como quiere lo que lee, pero en muchos casos se nota que ni siquiera interpreta lo que está publicado y su comentario apunta hacía un lado totalmente opuesto a lo que es la información.
Entonces, surgen los insultos y las palabrotas de los usuarios de las redes sociales, que no tienen razón de ser, más allá del desahogo que, a lo mejor debe sentir la persona al ofender a otros, a quienes ni siquiera conoce.
No creo oportuno señalar ejemplos, pero bastaría que uno haga un mejor análisis de lo que tiene frente a sus ojos, antes de darle a la tecla, para cuestionar, defender, justificar o apoyar tal o cual noticia o al personaje que la protagoniza.
El auge de las redes sociales se está constituyendo en un admirable avance de la libertad de expresión, pero los usuarios deberían ser muy concientes, en forma permanente, de que ello implica una gran responsabilidad y que se debe tener un mínimo de respeto hacia el semejante, antes de lanzar opiniones injuriosas o que puedan herir a los demás.
Tal vez, muchos se escudan en el anonimato y otros tantos consideren que pueden decir o escribir lo que quieran. Entonces, agravian impune y constantemente a los demás. Sin embargo, se exponen a que el afectado recurra a las leyes que limitan la convivencia social y lo lleve a litigar en fastidiosos procesos judiciales, que bien pudieron ser evitados.