06 feb. 2026

Crispín no pide que le condonen nada

Por Hugo Barrios @Huguelli Por Hugo Barrios @Huguelli

Crispín Acuña perdió la pierna derecha en un accidente de tránsito en el 2002. A la salida de aquella final de la Copa Libertadores que jugó Olimpia ante São Caetano en el Defensores, se disponía a volver a su casa cuando, de la nada, un taxista lo atropelló.

El oriundo de la ciudad de San Antonio quedó mutilado. Lejos de deprimirse, sacó fuerzas de su familia y decidió salir adelante. “Llegamos a pasar hambre, por poco no vendimos nuestra casa para pagar la cirugía. No podía dejar que mis hijos sufrieran, por eso decidí levantarme y trabajar”, recordó en una charla con EXTRA nuestro protagonista.

Una vez lo vi ofreciendo sus cartones de bingo en las cercanías del Mercado de Abasto de Asunción. Utiliza una “pierna de hierro” para poder movilizarse. Tiene una prótesis pero no le resulta cómodo caminar valiéndose de eso. Este señor es un homenaje al esfuerzo y al valor. Cuando no vende algo, trabaja como albañil para que en su casa no le falte nada a sus cinco hijos y señora, a quien considera una “mujer de acero”.

Su historia la pudimos conocer en nuestras páginas en momentos en que las manifestaciones de cooperativistas y campesinos van subiendo en intensidad y agresividad. La lucha de ambos sectores va ganando adeptos. Todo muy bien con lo que exigen. Uno entiende que pelean por lo que consideran justo. Lo que es inadmisible es que se consideren dueños de las calles y que, de paso, perjudiquen a compatriotas que solo quieren cumplir con su trabajo.

Dio impotencia ver cómo un grupo de manifestantes tiró al suelo y agredió a un repartidor de panificados, en el microcentro capitalino. No era necesario el salvajismo. No entiendo por qué el pueblo debe terminar pagando los platos rotos. El tema está en exigir y reprochar a los que están arriba, no a prójimos que solo quieren trabajar y transitar libremente.

Este tema, obviamente, dividió a la opinión pública. Por un lado, los que apoyan la lucha y por el otro los que no. Lejos de meterse en este embrollo, don Crispín se mata laburando. Él no exige que le condonen sus deudas, ni que eliminen una Ley de IVA: él solo quiere trabajar. Ya tú sabes.