@santula Los años de desidia y de olvido están pasando factura. Es imposible esquivar el rostro y pretender ignorar y pasar por alto el drama de las inundaciones. Es cierto que a nivel regional la propia naturaleza está pasando factura, pero el efecto del río ocupando su mismo territorio era algo absolutamente previsible.
No podemos seguir sin establecer políticas drásticas, casi similares a las que las aguas generan cada vez que avanzan. No soy quién para indicar lo que debe hacerse, si el plan más apropiado es el de tal o cual arquitecto, pero es inadmisible que nada se haga.
Esperar que las aguas bajen y paulatinamente volver a ocupar sin hacer nada en las mismas zonas de afectación es burlarse de nuestra propia memoria. Hay niños que en medio de estas crecidas están siendo afectados psicológicamente para siempre, secuelas que quedan en el corazón y en la memoria sabiendo que cada noche de lluvia el terror aumenta un poco más, además de la crecida natural del río.
Que los grandes estén acostumbrados a vivir en la zozobra es terrible pero no criminal como condenar como sociedad a niños y niñas a pasar por tormentos similares. Una sociedad que esté lista para actuar solo ante la urgencia es una sociedad cretina y si uno quisiera ser un poco mal pensado, hasta una sociedad perversa que juega con estas emergencias para liberar recursos de manera extraordinaria.
¿Se imaginan cuántos millones de dólares cuesta cada crecida? ¿Se imaginan cuánto mueve el asistencialismo? Versus lo que podría costar una solución definitiva es abismal la diferencia. Las decisiones no pueden esperar, no podemos permitir que los actuales gobernantes terminen sus respectivos mandatos sin hacer realmente algo.
Todos ellos nos prometieron soluciones, soluciones que hasta hoy solo quedaron en las promesas. Llegar a las próximas generales o municipales sin haber movido un dedo dejará en evidencia el nivel de yodo que nos falta como sociedad.