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A nadie, Marito

Hugo Barrios Por Hugo Barrios

Habló Marito y no dijo nada. Abrió la boca para repetir lo que siempre afirma cuando le llueven críticas: irse por las ramas. Comenzó detallando dónde fueron a parar, según él, los 1.600 millones de dólares. Continuó con una serie de predecibles autoelogios por obras de su gobierno. Se moría de ganas por comparar los kilómetros de asfalto que se vienen construyendo con los que se hicieron durante la dictadura. Ese paralelismo ya lo había hecho otras dos veces y el martes habló jeýma de las rutas pavimentadas, pero no citó a Stroessner.

Habló Marito y volvió a ser el nene pichado que hace berrinches cuando se le indica que está haciendo mal las cosas. Le consultaron por qué no hablaba más y dijo que él ko habla todos los días luego. Sabía que la pregunta era en términos de dirigirse a la ciudadanía, pero es un mamerto. Transmitió inseguridad. De esa figura que gozaba de un alto índice de aprobación popular, en sus comienzos como presidente, solo quedan vestigios. Cero autocrítica, cero firmeza, pura improvisación. Juega a lo que sale, a lo Gorosito en Olimpia, a los pelotazos, al toiko la oikóa. Este Gobierno hace rato que perdió autoridad, este Presidente hace tiempo que no es respetado porque carece de liderazgo. Dos veces le salvó el pellejo alguien que hace de Gepetto y el carpintero ya le mandó decir que no habrá una tercera. A nadie, Marito.

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