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Columnistas

A la espera de un milagro

Éver Torres salió de su casa de Choré (San Pedro) a las 3:00 rumbo a Caacupé en busca de un milagro. Un solo deseo tenía en sus adentros. Mientras escuchaba la homilía, la angustia le quebró su fornido cuerpo de labriego, porque lo que le dolía no era el cuerpo.

Las manos lastimadas de tanto carpir, sembrar y cosechar, pero el sacrificio no le da dinero suficiente. Es obligado a vender sus producto menor al precio de costo. “La verdadera justicia solo es plena cuando es abrazada y elevada en el amor a los más desfavorecidos”, decía Monseñor Francisco Pistilli. Éver no pudo contener las lágrimas y lloró. Es que en su Choré natal no tienen para comer. Haciendo pausas dolorosas, intentando contener las lágrimas, pidió al presidente que paren los aumentos de salarios del Estado.

El único consuelo que le queda a don Torres es creer en los milagros, porque al parecer, las políticas públicas para los campesinos no están en la agenda de las autoridades y solo espera la “justicia divina”.

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