La muerte de Quemil Yambay golpeó fuerte al folklore y a varias generaciones que crecieron escuchándolo. La noticia se confirmó en las últimas horas y rápidamente se multiplicaron los mensajes de cariño y despedida.
Desde la familia compartieron un mensaje sencillo y sentido para agradecer el acompañamiento y despedir al artista: “Lastimosamente el tesoro ha perdido su brillo definitivamente. Ahora descansa en paz”.
También informaron dónde será el último adiós. Quienes deseen despedirlo podrán hacerlo en el Rincón de los Músicos “Santa Cecilia”, ubicado sobre Guarania N.º 1851 casi Ytororó, en la ciudad de Fernando de la Mora. El velatorio se iniciará a partir de las 8:30 de la mañana.
Quemil nació en marzo de 1938 en Tupaorã, Caraguatay, en una familia grande. Desde pequeño mostró interés por la música y desarrolló su propio estilo, aprendiendo guitarra de oído y destacándose por imitar sonidos de animales, lo que rápidamente lo hizo popular entre el público.
A los 43 años perdió la vista tras una cirugía que salió mal, pero eso nunca lo frenó. Siguió recorriendo escenarios por todo Paraguay y también en otros países, llevando su música y su humor a cada presentación. Su energía y dedicación lo mantuvieron activo casi seis décadas.
En 2021 sufrió un accidente cerebrovascular que complicó su salud y lo dejó postrado. Desde entonces estuvo al cuidado de su esposa, su hija, su nieto y de una enfermera especializada, quienes se encargaron de su atención diaria.
Durante su trayectoria recibió múltiples reconocimientos. Entre ellos, la distinción de la Cámara de Diputados en 2015, el título de Tesoro Vivo de la Música otorgado por la Unesco en 2007 junto al guitarrista Efrén Kamba’i Echeverría, y su concierto de despedida El Último Sapukái en 2017, marcando el cierre de su carrera en los escenarios.
Con Los Alfonsinos consolidó su lugar como referente del folklore paraguayo. Su manera de interpretar canciones tradicionales combinada con sus imitaciones de animales lo convirtió en un artista querido y recordado por varias generaciones.
Su legado también refleja su capacidad de superar obstáculos: la ceguera y los problemas de salud nunca lo alejaron de la música ni del público. Quemil Yambay deja un recuerdo imborrable, y su música seguirá viva en cada escenario donde sonó su guitarra y sus imitaciones de la naturaleza.