Paola Solís Flores (41), regresó a la vida luego de que cayera en un coma profundo a causa de un tumor irreversible en la cabeza.
Luego de cinco años decidió contar su historia. En el 2018 se le detectó un tumor de 16 centímetros en el “tronco encefálico”, un sector de la cabeza que controla el corazón, la respiración y las cuestiones básicas para el funcionamiento del cuerpo.
Le indicaron que era inoperable. No podía tocar ni para sacar muestras. En el 2019 le hicieron 33 sesiones de radioterapia, pero solo para retener el crecimiento. Le instalaron una válvula para drenar la sangre retenida por el tumor. Siguió su vida a pesar de todo. “Yo nunca tuve en mí que yo iba a morir y estaba en las últimas”, dijo.
Sin embargo, luego de un tiempo la válvula se apagó, dejó de funcionar y se quedó en un profundo coma. Su familia, no tuvo de otra que sacarla del sanatorio porque cada día internada costaba millones. La trasladaron al INCAN donde en pocos días la derivaron a cuidados paliativos. “Ya no había nada que hacer más que esperar mi muerte e intentar que no sea tan doloroso”, dijo.
Los médicos dieron a su familia la opción de dejarla internada o llevarla a casa. La llevaron a su hogar con todos los aparatos, máquina de drenaje, balón de oxígeno, etc. Su mamá, su hermana y su hija le cuidaban. “Cada día respiraba más lento. Mi hija con 12 años me veía morir. Mi hermana, un ángel, me limpiaba todos los días. Mi mamá me cuidaba, rezaba por mí”, indicó.
Momento más difícil
Pasó poco más de seis meses en ese estado. En el 2021. Su hermana estaba limpiando la casa cuando ve que ella abre los ojos. Le dice: ¿Paola? Y ella respondió balbuceando “sí”. La llevan al hospital, su neurocirujano le hizo resonancia magnética y dijo: “No puedo entender cómo el tumor ya no está”.
Pasó mucho tiempo para que pueda recuperar la movilidad. Estuvo mucho tiempo en cama y sus tendones se atrofiaron. Logró caminar de nuevo, tiene secuelas en una de sus manos, pero sigue haciendo fisioterapia para sanar por completo.
Del por qué tardó tanto tiempo para contar su historia: “A veces dudaba y me preguntaba: ¿Será que el tumor va a volver?, pero ahora me siento sanada”, apuntó.
Paola asegura que su oportunidad de seguir viviendo es un regalo divino. “La gente de San Juan Bautista nunca dejó de orar por mí. Hoy soy testimonio de que los milagros no necesitan permiso de la medicina para ocurrir”, indicó.
Más que nunca se siente bendecida. “Cuando mi cuerpo perdía fuerza, alguien estaba sosteniéndome y yo elijo creer que es Dios”, dijo.
Paola cree que tiene una misión en la vida. “Si hay alguien que atraviesa una enfermedad o por momentos oscuros, quiero decirle que no se adelante al final”, manifestó.