29 nov. 2025

Se conocieron en el micro y tras 26 años se casaron

Raquel y Alberto estaban destinados a estar juntos. Loma Pyta fue testigo de boda masiva que unió a 30 parejas.

20251129-005materialA,ph01_37_64399814.jpg

Raquel y Alberto estaban muy emocionados.

El destino los llevó al mismo lugar. Raquel Rodas (48) viajaba en la línea 42 de ese entonces, rumbo a Loma Pytã, cuando lo vio. En el último asiento iba Alberto Núñez (48), profundamente dormido. Él tenía que bajarse mucho antes, pero el sueño le ganó y pasó de largo sin darse cuenta.

Cuando abrió los ojos, desorientado, le preguntó a Raquel por dónde estaban. Ella le explicó que ya estaban entrando a Loma Pytã y él le pidió si podía bajarse con ella.

Así empezaron. Caminaron juntos, conversaron un rato, se pasaron los números y se hicieron amigos. Después de dos o tres llamadas y unos encuentros, ya no hubo mucho que pensar. Decidieron vivir juntos. Eso fue el 19 de septiembre de 1999.Hoy llevan 26 años de historia y tienen cuatro hijas.

Ayer, por fin, pudieron cumplir el sueño que durante tantos años quedó postergado. Se casaron en una boda comunitaria en la parroquia San Blas de Loma Pytã, junto a otras 29 parejas, gracias a la Fundación Santa Librada, que les proveyó de todo. Vestido, traje, maquillaje, ramos, anillos, fotos y hasta los bocaditos.

Raquel estaba emocionadísima. “Fue una bendición enorme para nosotros”, dijo a EXTRA. Contó se enteraron que habría casamiento comunitario, Alberto la miró y le dijo: “Este es nuestro momento”. Y así fue.

20251129-005materialA,ph02_21247_64399866.jpg

Los novios posaron para inmortalizar el momento.

De tomasitos a esposos

Entre las parejas que también dieron el “sí” estuvieron Manuel Benítez (33) y Ramona Benítez (33), quienes llevan 13 años juntos y son papás de dos nenas y un varón. Su historia empezó de una manera particular. Manuel era “tomasito” de su hermano, que salía con la hermana de Ramona; y Ramona era “tomasita” de su hermana, que salía con el hermano de Manuel. Mientras los tórtolos se iban conociendo, ellos quedaron conversando.

Entre charla y charla, Ramona le pasó su número. Empezaron a escribirse y a verse, y ahí se enamoraron. Siempre quisieron casarse, hasta que un día la mamá de Manuel vio la convocatoria y alentó a su hijo para que dé el siguiente paso. “Aprovechemos este momento, es una bendición”, contó Manuel que fue el empujón que necesitaban.