Andrea Narváez (30), de Luque, ya no puede ni dormir del quebranto. Quedó desesperada y con un feroz clavo encima tras intentar dar una mano a Liz, su mejor amiga que vive en Sevilla, España.
Cada mes el banco le descuenta casi G. 2.500.000 de su salario de limpiadora y, como gana apenas el sueldo mínimo, tiene que laburar hasta la madrugada para pagar las cuotas, el alquiler y llevar el pan a la mesa.
“Ahora día y noche debo trabajar para que me sobre para mis hijos que tengo 2, una de 13 años y un nene de 4 años”, contó Andrea desesperada a EXTRA.
La mujer explicó que ella y Liz eran amigas desde los 15 años y se tenían una confianza de la gran siete.
Hace dos años, cuando su ami se mudó a España, Liz le pidió que sacara un préstamo en Paraguay para invertir en un negocio, con la promesa de devolverle el dinero semanalmente.
Al principio eran montos pequeños de G. 3 millones, pero después la cifra iba subiendo hasta alcanzar un platal de G. 15.000.000. Como durante un año Liz cumplió con los pagos, Andrea siguió ayudándola.
Para toda su familia
Sin embargo, el akãrasy empezó hace un año cuando Liz le pidió que sacara otros tres préstamos de una sola vez: uno para ella, otro para su hermana y otro para su mamá, ndaje.
En total, Andrea terminó endeudándose por G. 43 millones con un prestamista y otros G. 22 millones con un banco, sumando el feroz clavo de G. 65 millones. Pero una vez enviado el dinero, los pagos dejaron de llegar.
Era todo bola ra’e
Primero la deudora le empezó a meter cuentos de que se quedó sin laburo y hasta le dijo que supuestamente estaba enferma e internada. Todo el tiempo le daba falsas promesas de pago, pero la plata nunca aparecía.
“Después nomás me enteré que había sido la plata nunca fue para su familia. Todo era para ella y no sé ni en qué gastó”, dijo molesta.
Ahora, directamente ya no le contesta ni el celular.
Aunque Andrea ya dio por perdido su dinero, decidió hacer pública su situación porque quiere que la mujer por lo menos tenga algo de vergüenza.
“A esta desgraciada no sé cómo llamarla porque no le importa que mis hijos ya no puedan comer bien por su culpa, lamentó la víctima con total impotencia.