El río Paraná volvió a convertirse este miércoles en el escenario de uno de los actos de fe más conmovedores de la región. Entre cánticos, banderas, sirenas de embarcaciones y miles de fieles emocionados, las imágenes de la Virgen de Caacupé y la Virgen de Itatí protagonizaron el tradicional encuentro fluvial que cada 16 de julio une a Paraguay y Argentina en una celebración cargada de devoción y hermandad.
Desde temprano, la imagen de la Patrona del Paraguay partió desde la comunidad de Itá Corá, en Ñeembucú, rumbo a las aguas del Paraná, donde la esperaba la Virgen de Itatí. El esperado saludo en medio del río marcó el momento más emotivo de la jornada, en el marco del 126.º aniversario de la Coronación Pontificia de la imagen original de Nuestra Señora de Itatí.
La imagen paraguaya fue alzada con sumo cuidado por siete caballeros, encargados de subirla a la embarcación que cruzó el río. Luego, decenas de lanchas, canoas y barcos escoltaron a ambas patronas en una multitudinaria procesión náutica que avanzó entre aplausos, oraciones y lágrimas de emoción.
Tras el simbólico encuentro sobre las aguas, las dos imágenes navegaron juntas hasta desembarcar en suelo argentino, donde dieron inicio a los festejos centrales. Allí se celebró la misa solemne, presidida por autoridades eclesiásticas, seguida por la tradicional procesión hasta la Basílica de Itatí.
Esta manifestación religiosa, que se realiza ininterrumpidamente desde 1990, reúne cada año a miles de peregrinos de ambos países y simboliza un puente espiritual que trasciende las fronteras. La tradición también tiene su capítulo en diciembre: cada 8 de ese mes, la Virgen de Itatí devuelve la visita y peregrina hasta Caacupé para reencontrarse con la patrona paraguaya.
La preparación para esta jornada comenzó incluso un día antes. Este martes, una delegación de Itatí cruzó hasta Itá Corá para entregar las flores que adornaron el anda de la Virgen de Caacupé durante la travesía, un gesto que refleja la estrecha unión entre ambas comunidades.
Con el Paraná como testigo y miles de corazones latiendo al mismo ritmo, el encuentro entre las dos vírgenes volvió a demostrar que la fe no entiende de límites geográficos. Cada abrazo sobre el agua renueva una historia de amistad, esperanza y profunda devoción que une para siempre a paraguayos y argentinos.