Se armó el sarambi, un lío de aquellos, en la capital del hechizo. El cura párroco Darío Duarte, una de las figuras más queridas de Caazapá, rompió el silencio tras verse salpicado en una denuncia penal que lo acusa, junto al intendente Amado Díaz Verón, de supuestos hechos de corrupción.
Con el corazón en la mano, el pa’i salió al paso de las acusaciones de los concejales Felipe Giménez y Alberto Amarilla, en su contra.
Los ediles señalan al cura párroco de haber participado en la “cocinada” de G. 100.000.000 para el Obispado, asegurando que la obra ya fue pagada por la Gobernación y que lo de la Muni fue un “pago fantasma”.
Frase del papa
Usando una recordada frase del difunto papa Francisco, el sacerdote aclaró que acá no hay nada que esconder. “Pecadores sí, corruptos no”, dijo el religioso y agregó: “Aquí no hay ninguna obra fantasma. Todo está hecho, documentado y a la vista de quien quiera comprobarlo”.
Explicó que la cuestión es sencilla: la Gobernación hizo la planta baja y la Municipalidad, mediante la asociación ADEPRIN, de la que el padre Darío es presidente, puso la plata para terminar la planta alta.
Le ningunearon
Lo que más le dolió al pa’i no fue la investigación, ndaje, sino la falta de tacto de los políticos. “Por redes me enteré”, he’i. Nadie le avisó ni notificó de nada, hasta que él mismo vio la noticia en Facebook.
“Jamás me visitaron, jamás preguntaron”, lamentó el sacerdote, quien asegura que los denunciantes solo buscan hacer ruido político, pero dijo que esto le da más fuerza para seguir laburando por su comunidad.
Apoyo
Mientras los abogados ya presentaron todos los papeles a la Fiscalía, para demostrar que los 100 palos están bien invertidos en cada ladrillo y bolsa de portland, la gente en la calle y en las redes no para de darle su apoyo. En San Juan Nepomuceno, donde estuvo antes, también saltaron a defenderlo, resaltando su integridad religiosa.
El pa’i ligó de rebote
La denuncia acusa al intendente de liderar un presunto esquema que desvió casi G. 4.000 millones con obras “fantasmas”. Según los concejales, se pagaron semáforos que no existen, murallas invisibles y arreglos de caminos que nunca se hicieron, usando facturas de asociaciones y empresas para simular que el trabajo se cumplió. Sobre el Obispado, dicen que la Muni pagó G. 100 millones por una obra que supuestamente la Gobernación ya cubrió.