Poco después de las 18:00 de ayer, en medio de escenas de incontenible dolor, familiares, amigos y vecinos dieron su último adiós a Petronila Franco Britos, de 37 años.
Sus restos fueron sepultados en el cementerio de la ciudad de Carlos Antonio López, en el departamento de Itapúa. Petronila fue asesinada el 18 de febrero en el barrio Tetuán, en Madrid, España, por su expareja Carlos Pintos, de 37 años, oriundo de Pilar, Ñeembucú, autor confeso del feminicidio.
La compatriota, en sus últimos días de vida, se encontraba en una situación conocida en España como “okupa”: alquiló una pieza en la casa de una amiga, dejó de pagar y se negó a abandonar el lugar, alegando que tenía una hija menor de edad. La dueña de la vivienda le ganó el juicio a Petronila, quien quedó con una deuda millonaria.
Osmar, periodista en Puerto Casado (Chaco) y hermano mayor de Petronila, habló con Extra sobre el triste momento que atraviesa su familia. “El ataúd llegó en un vuelo directo desde España, gracias a las gestiones de la Secretaría de Repatriados, la colaboración de otras autoridades, así como de todos los habitantes de la ciudad”, expresó.
Comentó que el hijo de 19 años de Petronila acompañó el cuerpo durante el traslado. En tanto, la hija de 3 años —hija de su hermana— se quedó en España al cuidado de una tía.
“Su tía (hermana mía) es también la madrina de mi sobrina y ella la va a cuidar de la mejor manera, como si fuera suya”, acotó poco antes de la salida del féretro hacia el camposanto.
CUMPLIÓ SU SUEÑO
Osmar señaló que su hermana viajó a España hace 16 años, impulsada por el sueño de asegurar un mejor futuro para su hijo, q ue entonces tenía 3 años. “Se fue de este mundo con su sueño cumplido, porque logró dejar una casa donde su familia puede vivir”, afirmó.
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Osmar recordó que hace 2 años Petronila trajo desde España un perro husky siberiano llamado Apolo.
“Le regaló a mamá, pero ella se enfermó y por eso lo llevé a mi casa en Puerto Casado”, indicó. Un día antes de su muerte, Petronila le mensajeó a su hermano y le pidió que cuidara al perrito.
Añadió que el día del asesinato, Apolo comenzó a sangrar por la boca y la nariz; el veterinario no sabía la causa.
Una vecina, quien es una especie de médica ñana, le dijo que el animal “presentía algo malo”. “Poco después me llamó mi hermana desde España y me dijo que habían matado a Petronila”, recordó con tristeza.
Sin rencor
Osmar aseguró que, pese al inmenso dolor, la familia no guarda rencor hacia el responsable del crimen. Añadió que son una familia de tradición católica y que, por eso, se sienten obligados a perdonar los males cometidos, aunque sean de los más terribles. “Ese joven ya destruyó su propia vida al quitarle la vida a mi hermana”, mencionó.