22 mar. 2026

“No sabemos cuándo va a caer una bomba”, dijo una compatriota que está atrapada en la guerra de Medio Oriente

Una esteña está desesperada y hacen ollas populares. Se refugian en barrios cristianos.

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Explosiones. Raquel pasó imágenes de los bombardeos, los civiles huyen en zonas altas y edificios derrumbados. Ellos están en un campamento cristiano.

Captura de video

“Fuimos a Beirut a buscar una vida más tranquila y hoy ruego a Dios por volver al Paraguay”, es el testimonio de Raquel Burgos Achucarro, una paraguaya atrapada en la guerra entre Irán, EE. UU. e Israel.

Raquel es oriunda de Ciudad del Este y vive desde hace más de una década en Beirut, Líbano, junto a su esposo libanés y su hijo de 13 años.

Hoy, su realidad está marcada por el miedo constante, por las explosiones de bombas que caen en cualquier momento, destruyendo edificios por completo.

“Estamos en una de las zonas más castigadas por los bombardeos”, relató a Extra, y mencionó que en el momento de la entrevista eran las 21:30 en Beirut (16:30 en Paraguay).

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La mujer, casi llorando, dijo que vivía en un barrio musulmán y que debió refugiarse en un barrio cristiano, ya que allí los bombardeos son menores.

“No sabemos cuándo va a caer una bomba. A veces avisan por teléfono y te dan entre 15 y 20 minutos para escapar. Otras veces, no hay aviso. Hace tres días que no duermo”, afirmó.

El último ataque cayó muy cerca del refugio donde estaba con otras familias, mencionó.

“La casa tembló completamente. Éramos más de 50 personas, muchos niños. Los gritos, el pánico… salimos corriendo sin saber a dónde ir. Diez minutos después recién llegó la alerta”.

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Relató: “Corrí como estaba, gritando, pidiendo misericordia a Dios. Soy evangélica”. “Llegué hasta el mar, sin saber qué había pasado con mi casa; ya no pude volver más”.

OLLAS POPULARES

Según cuenta, unos 280 paraguayos, muchos con hijos, viven en Beirut. Mencionó que se organizan como pueden: cocinan en ollas populares y comparten lo poco que consiguen.

“Hay días en que los adultos no comemos para que los niños puedan hacerlo”, aseguró.

“Si alguien consigue un pedazo de pan, lo divide entre todos”.

El invierno agrava la situación. “Estoy sin trabajo. No tenemos ni para jabón ni crema dental, nada”, añadió.

Aseguró que la única salida del país es por aire. “Salir de Líbano a Jordania cuesta 700 dólares (Más de 4 millones) y, de ahí a Paraguay, 4.200 dólares (G 27 millones) ¿De dónde vamos a sacar eso?”, se preguntó.

El impacto emocional es devastador, especialmente en su hijo, afirmó. “Tiene crisis de miedo, habla solo por eso”, contó. “Oramos las 24 horas a Dios para que podamos ver de nuevo Paraguay y, en caso de que muramos acá, que sea su voluntad”, concluyó.