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"Les perdono pero háganse cargo", dijo papá de asesinado en megaasalto

El hombre contó la odisea que fue encontrar a su hijo. Lo buscó hasta en los baldíos, relató.

Las explosiones en plena madrugada eran propias de una fiesta patronal en la ciudad. Don Porfirio Cantero se había ido a dormir temprano, pero entre sueños escuchaba lo que él creía que eran bombas. En un momento dado el celular de su mujer empezó a sonar y a partir de allí, las primeras horas del domingo, lo convirtieron en el día más negro del año.

Del otro lado del teléfono una estremecedora noticia hizo que su esposa rompiera en llanto y él sin perder el tiempo se levantó de la cama, se abrigó bien y salió a la calle. Su hijo había recibido un disparo frente a un céntrico salón de eventos en la ciudad de Liberación, a unas cuadras de su casa.

“Mi hermana le llamó a mi señora y le dijo que había problemas, que le dispararon a mi hijo. Yo salté, me levanté y me fui al lugar donde ocurrieron las cosas. Le llamé a su celular y sonaba, pero él ya no atendía”, relató don Porfirio. Entonces pensó que su hijo estaba herido y escondido en algún lugar. “Tuve que recorrer por patios baldíos para buscarle”, continuó.

Su hijo fue herido en medio del megaasalto que desangró a la ciudad, en San pedro. Delincuentes hicieron volar la sucursal del banco Visión para llevarse más de 1.200 millones de guaraníes. La comuna local declaró hoy lunes una semana de duelo, a causa del triste episodio, que se cobró dos vidas y dejó a dos de sus pobladores en hospitales capitalinos.

Una odisea camino al hospital

En eso, alguien se acercó a él y le contó que alguien había llevado a su hijo a Choré, al centro de Salud. “Ahí agarré mi vehículo y me fui. Los surtidores estaban todos cerrados por el tema (megaasalto), a mitad de camino se me terminó mi combustible. Hasta eso me pasó”, dijo afligido.

Él tuvo que caminar más de un kilómetro en plena madrugada hasta un surtidor, solo para encontrarse con que estaba cerrado. Volvió a su vehículo y llamó a una cuñada. “Dejé mi vehículo en la calle y vino a buscarme (su cuñada) para irnos. Al llegar al hospital ya estaban la fiscala y los policías, hicieron unas preguntas y me entregaron el acta de defunción”, agregó.

Luego, se enteró que un amigo le había auxiliado a su retoño hasta el nosocomio, pero lastimosamente ya había perdido la vida en el camino. “Dice que le alzó a su auto y le llevó al hospital de Choré y había miguelitos por todos lados. Se iba por la cuneta en zig zag el muchachito y le llevó ya sin vida allá”, refirió.

Un buen muchacho

Víctor Willian Cantero Galeano era el menor de tres hermanos. A sus 18 años cursaba el último año del colegio, pero aún estaba algo indeciso sobre qué rumbo tomar, hacia alguna profesión. Él soñaba ser militar o policía, como alguno de sus tíos.

Pero también tenía el ejemplo de sus hermanas mayores, una de ellas licenciada en Contabilidad y la otra que cursa el tercer año de la carrera de Ingeniería Agronómica.

No bebía ni tenía vicio alguno. Ayudaba a su padre en sus labores en la granja familiar. “Era trabajador, no salía ni en su moto de noche porque su mamá le decía que era peligroso. Entonces, salía en el auto de sus amigos y eso. Y había sido, capaz no le iba a pasar eso si se iba en su moto, porque a lo mejor iba a salir más rápido”, reflexionó Porfirio.

Su hijo recibió por la espalda un disparo, que atravesó su pecho y perforó su corazón. Su muerte fue instantánea.

“Me dijo mi señora recién que ella soñó al amanecer ya que Willian vino con una camisa colorada y nos abrazó a los dos y nos pidió que no lloremos más. Eso me reconforta”, dijo visiblemente afectado el padre de familia.

Aseguró que no guarda rencor contra los criminales, pero que espera que se haga justicia. “Les perdono a los que le dispararon, pero háganse cargo. Alguna vez ellos van a escuchar lo que estoy diciendo. Con gente inocente no por favor. Por favor que las autoridades hagan algo, le pido al presidente porque últimamente demasiadas cosas ocurren”, clamó.

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