En Caazapá se conoció una denuncia que terminó salpicando al párroco de la Catedral San Pablo, el padre Antonio Darío Duarte.
Todo empezó con una denuncia presentada por los concejales Felipe Santiago Giménez Maciel (ANR) y Alberto Amarilla Barrios (ANR) contra el intendente Amado Baldomero Díaz Verón (ANR-HC) y otras personas, por un supuesto manejo irregular de dinero de la Municipalidad en varias obras públicas.
Ahí aparece la Asociación ADEPRIN, presidida por el padre Darío Duarte, lo que hizo que su nombre quede involucrado en la denuncia, especialmente por fondos que habrían pasado por esa organización para obras como la del Obispado, donde se mencionan G. 100 millones.
Los concejales también hablan de otras obras cuestionadas, como columbarios fúnebres por 467 millones, que no coincidirían con lo que se ve, una muralla de 53 millones que no existiría, semáforos por más de 423 millones que no estarían instalados y caminos enripiados por varios montos que, según la denuncia, no se habrían hecho, montos que publicó El despertador.
Todo esto terminó generando indignación en parte de la ciudadanía, sobre todo entre feligreses, que salieron a defender al sacerdote y cuestionaron que su nombre esté en el caso.
Ante esto, el padre Darío Duarte salió a hablar en conferencia de prensa y fue directo al responder las acusaciones. Negó todo tipo de irregularidad y aseguró que los documentos están en regla. Dijo que “no hay fantasma” en la obra del Obispado y que todo lo realizado está a la vista.
También dejó una frase fuerte sobre el caso: “Así como decía el papa Francisco: ‘Somos pecadores, pero corruptos no’”.
Además, sostuvo que nadie les consultó antes de denunciar y que todo fue presentado sin haber verificado los datos, por lo que calificó las acusaciones como incorrectas.