La pelota no se mancha. Sin embargo, en la gran final de la Liga Minguera de Fútbol, disputado este domingo, terminó con golpes, pedradas y denuncias por violencia.
El partido enfrentó al Santa Mónica y Humaitá, en una definición que ya venía cargada de nerviosismo. Santa Mónica llegaba con ventaja y sus aficionados consideraban que el equipo había sido perjudicado por una polémica decisión arbitral: el cobro de un penal durante el encuentro.
La sanción terminó siendo determinante para el desarrollo del partido y, tras el empate, todo tuvo que definirse desde los doce pasos. En la tanda de penales, Humaitá fue más efectivo y se quedó con la victoria, desatando la celebración de sus seguidores.
Pero la alegría de unos duró poco para convertirse en rabia para otros.
¡Se armó el sarambí!
Una vez terminado el cotejo, se registraron incidentes entre aficionados de ambos equipos. Hubo empujones, golpes y corridas, mientras la situación se iba calentando cada vez más.
La violencia incluso involucró a integrantes de los propios clubes y dejó personas heridas.
Como si fuera poco, el árbitro del partido, Julio César Maciel, también resultó afectado y posteriormente radicó una denuncia por los daños ocasionados a su vehículo.
Según imágenes difundidas por Radio Concierto, el rodado quedó con varios vidrios destrozados. Los responsables habrían utilizado enormes piedras para atacar el automóvil, provocando importantes daños.
El propio árbitro quedó herido en medio del descontrol registrado después del partido.
De una final a una batalla
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una problemática que lamentablemente se repite con demasiada frecuencia en el fútbol del interior: partidos que deberían reunir a familias y comunidades terminan convertidos en escenarios de violencia por decisiones arbitrales, rivalidades y la intolerancia de algunos protagonistas. Incluso, hace poco se registraron víctimas fatales en estos encuentros.
Y en esta ocasión, la bronca no quedó solamente entre los hinchas.
¡Y el presi también se calentó!
Uno de los momentos que más llamó la atención quedó registrado en video y tuvo como protagonista al presidente del Santa Mónica, Walter Duarte.
El dirigente, visiblemente molesto por el resultado de la final, se acercó hasta el trofeo y descargó su furia contra la copa.
Primero se lo observa pateando el trofeo y posteriormente, en un arranque de rabia, lo toma y lo arroja con fuerza sobre el campo de juego.
La escena generó sorpresa entre los presentes y rápidamente comenzó a circular en redes sociales.