Las líneas oscuras, una mezcla de tierra y madera comida, se pueden ver a lo largo de la casa de Jazmín Agüero, en el barrio Antigua Imagen de San Antonio.
Hace más de 10 años apareció un nido de kupi’i en un árbol de mango que está en la casa de un vecino, detrás de su vivienda y, desde entonces, el problema fue creciendo hasta afectar gran parte de la casa y complicar a toda su familia.
Según contó a EXTRA, las termitas avanzaron tanto que ya dañaron varias partes de su casa: la mesa del comedor, el ropero, la cama y otros muebles también fueron atacados por los bichitos.
“Yo hago sonar la viga y se escucha hueco de toda mi casa. Hay partes que ya están por desmoronarse, mi sala también está así”, contó la joven, mostrando la situación que vive día a día dentro de su hogar.
Jazmín tiene 24 años y asegura que desde que era niña recuerda la presencia del enorme nido en el árbol del vecino, que con el paso del tiempo fue creciendo.
“Fue un calvario para mi hogar, porque ya empezaron las remodelaciones de aquí para allá por culpa de eso”, lamentó.
La situación empeoró cuando un día volvió a su casa y encontró el techo del baño destruido.
“ Cayó todo encima del lavarropas, se me descompuso, y varias cosas quedaron dañadas por culpa de eso”, relató.
No tiene plata, dice
La joven explicó que varias veces hablaron con el vecino para que retire el árbol o busque una solución, pero hasta ahora no tuvo respuestas.
“Nosotros le hablamos muchísimas veces. Siempre dice: ‘La otra semana o fin de mes’, porque nunca tiene plata. Pero todos los fines de semana nosotros olemos asado, entonces para eso sí hay”, reclamó.
Jazmín también contó que hizo denuncias ante la Municipalidad de San Antonio y que supuestamente el caso incluso llegó al Juzgado de Faltas, pero afirma que nadie tomó medidas para ayudarla.
“Le mandamos videos a la municipalidad, hacemos todo lo correspondiente, día a día le pedimos pacíficamente, pero no hubo solución. Brillan por su ausencia”, dijo.
Puede caer sobre su hija con TEA
ños materiales, sino por su familia. En la casa viven dos personas con TEA, su hija y su hermano.
“Mi miedo es que un día esto se caiga sobre nosotros. El árbol del mango es enorme y si cae sobre mi baño puede afectar a mi hija”, contó. La joven asegura que ya no sabe qué hacer, porque siente que el kupi’i prácticamente se apoderó de su casa y que los daños siguen avanzando mientras espera una respuesta. “No es justo que yo tenga que volver a hacer todo de nuevo. Nadie me repone nada, pero yo soy la que estoy cargando con todos los daños”, sostuvo.