La paciencia tiene un límite y los muchachos de la empresa de transporte Nuevo Horizonte, la línea interna que recorre Villa Jardín en Limpio, dijeron ¡no más!
El detonante no fue solo el robo de un teléfono celular; fue la gota que derramó el vaso del miedo con el que conviven en la zona en cada noche y madrugada.
Los micreros avisaron que, desde ahora, los adictos tienen prohibido subir a sus buses.
El reloj marcaba las 5:46 de la mañana de ayer. El frío golpeaba en la zona de Aurora, cerca de la escuelita Virgen de Caacupé. Ahí maniobraba un chofer, que apenas arrancaba su jornada para ganarse el pan de cada día, pero terminó siendo la nueva víctima de la delincuencia.
Uno de sus pasajeros, un presunto adicto, se abalanzó sobre el conductor, le arrebató su celular y en un sýky ya se bajó del colectivo y empezó a correr a toda bala en la dirección opuesta.
El chofer anga se bajó y le persiguió al ladrón en un ida y vuelta, pero no logró atraparle y el malevo terminó huyendo.
La respuesta
La impotencia viajó rápido a través de un audio de Whatsapp que compartió otro de los funcionarios de Nuevo Horizonte, en el que avisaba a los usuarios de la línea que la situ iba a cambiar.
“Subieron al colectivo a asaltarle a mi compañero. No sabemos si son adictos de acá de la zona o de dónde son. Para que la gente lleve en cuenta: desde hoy en más, los adictos están prohibidos de subirse a ninguno de los buses de la empresa”, dijo el trabajador, harto de las fechorías de los chespis kuéra.
El aviso
Lo peor de la cuestión es que los micreros avisan que, si la ley no les cuida, se van a cuidar ellos mismos. “Vamos a tener que actuar así y a lo mejor de otra manera más”, soltó el conductor, dejando en claro que tomarán acciones por su propia mano si los chespis vuelven a subirse. “Así estamos acá en Villa Jardín”, remató.
Zona liberada
Para los vecinos y los trabajadores del volante, Villa Jardín se convirtió en tierra de nadie, una zona liberada donde la Policía brilla por su ausencia y andan a su suerte, en su “propia ley”, dicen.
Los pobladores incluso admiten que el barrio es una “zona roja” y piden a los visitantes tener cuidado.