No podía parar. Don Cristaldo, chofer de un camión tumba cargado de arena, bajaba ayer por la ruta Acceso Sur, en Ñemby, cuando de repente se dio cuenta de que los frenos ya no respondían. El camión seguía su marcha y delante había autos y motos.
El vehículo avanzó varios metros fuera de control. La arena empezó a caer y quedó esparcida por la ruta, mientras el camión seguía avanzando como podía. En medio del susto, la puerta del lado del conductor se abrió de manera accidental. Para muchos que vieron el video, ahí no fue casualidad: dicen que su ángel guardián fue el que tomó el mando.
Las imágenes grabadas por otro conductor muestran el momento más tenso. Sin muchas opciones y con la cabeza fría, el chofer decidió subir el camión al paseo central para perder velocidad. No fue una locura, fue una jugada desesperada para no llevarse a nadie por delante.
En esa maniobra, incluso llegó a entrar por un tramo en contramano, siempre buscando frenar como sea. El camión siguió avanzando hasta llegar a la zona de la avenida Santa Rosa, al costado de un conocido supermercado, donde finalmente encontró un espacio libre para maniobrar.
Ahí logró girar y, tras recorrer unos metros más, el camión terminó deteniéndose por completo. No hubo choques, no hubo heridos y, milagrosamente, nadie perdió la vida.
Desde el portal El Guardián de Ñemby informaron que se comunicaron con la empresa donde trabaja el conductor. Desde la firma confirmaron que don Cristaldo se encuentra bien, tanto física como emocionalmente, y resaltaron su experiencia al volante.
Además, anunciaron que este sábado, durante el aniversario de la empresa, el chofer recibirá un reconocimiento especial por la rápida reacción que evitó una tragedia.
Minutos después, ya con el camión detenido, otro video publicado también por el portal ñembyense, lo muestra conversando con vecinos y transeúntes en el centro de Ñemby. Todavía nervioso, con la voz quebrada, cuenta lo que pasó. En medio de la charla, alguien le dice: “Eikove jey che ra’a (volviste a nacer, amigo)”.
Don Cristaldo respiró hondo, trató de acomodar la cabeza y recién ahí cayó en cuenta de lo que había pasado.
Varias personas se acercaron a preguntarle si estaba bien. Algunos le dieron palabras de aliento, otros simplemente le estrecharon la mano.
Para la gente que estuvo ahí y para los que vieron el video, lo que hizo no fue suerte, sino una decisión que evitó que el susto termine en tragedia.