Donald Trump, anunció ayer la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, tras un ataque a gran escala lanzado por Washington e Israel contra la República Islámica, que incendió la región.
En las calles de Teherán, las primeras informaciones de la muerte de Jamenei se recibieron con aplausos y gritos de alegría, según testigos.
“Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, está muerto. Esto no solo es justicia para el pueblo iraní, sino para todos los grandes estadounidenses y las personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jamenei y su banda de matones sanguinarios”, escribió Trump.
Alí Jamenei, de 86 años, ejerció como líder supremo de Irán hace 37 años, siendo la máxima autoridad política y religiosa del país, por encima del presidente. “No pudo evadir nuestra inteligencia ni nuestros sofisticados sistemas de rastreo, y en estrecha colaboración con Israel ni él ni los demás líderes que murieron junto con él pudieron hacer nada”, añadió el republicano en el mensaje.
Trump aseguró que la muerte de Jamenei “es la mayor oportunidad para que el pueblo iraní recupere su país”.
Antes, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había avanzado que el ataque destruyó “el complejo del tirano Jamenei en el corazón de Teherán” y que había “muchos indicios” de que había muerto.
Irán respondió a estos ataques sin precedentes con salvas de misiles contra Israel, donde murió una mujer, y también contra varias monarquías del Golfo, muchas de ellas con bases militares estadounidenses.
Las acciones causaron un muerto y varios heridos y paralizaron el tráfico aéreo y marítimo en ese importante nexo comercial entre Asia, Europa y África.
El Ejército israelí señaló que habían atacado varias reuniones de altos cargos en Teherán. Entre las zonas atacadas figuraba el barrio donde se encuentra la residencia del líder supremo, donde periodistas de AFP vieron columnas de humo, un amplio dispositivo de seguridad y calles cortadas.