22 oct 2026

Pa’i diagnosticado con cáncer: “Dios no me ha prometido no sufrir una enfermedad, sino nada más que su amor”

A los 28 años, el sacerdote colombiano Andrés David Forero recibió un diagnóstico de linfoma avanzado y llegó a preguntarles a los médicos cuándo iba a morir. La quimioterapia, el acompañamiento de sus seres queridos y su fe cambiaron su manera de mirar el sufrimiento.

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El sacerdote colombiano Andrés David Forero haciendo misa pocos días después de recibir un trasplante.

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“¿Cuándo me voy a morir?”. Esa fue la pregunta que el sacerdote colombiano Andrés David Forero, de 28 años, les hizo a los médicos cuando le confirmaron que tenía un linfoma en una etapa muy avanzada. El diagnóstico lo golpeó de lleno y hasta llegó a cuestionar a Dios, a quien había entregado su vida.

Todo comenzó a principios de este año, cuando llevaba semanas sintiéndose mal. Caminaba con dificultad y soportaba un dolor paralizante. Al principio, intentó convencerse de que no era nada grave. “Me decía a mí mismo que era solo una inflamación”, recordó.

Durante la Navidad, cuando todavía era diácono, su cuerpo ya no aguantó. “Durante la noche de Navidad terminé de pronunciar la homilía y mi cuerpo colapsó”, contó.

El 7 de enero ingresó al hospital y, tras varios estudios, recibió la noticia que cambiaría su vida. El 5 de marzo, en medio de ese proceso, fue ordenado sacerdote por el obispo de Mallorca, monseñor Sebastià Taltavull, en la parroquia de Sencelles, España, donde ya ejercía su ministerio diaconal.

“¿Por qué a mí?”

El diagnóstico desató una fuerte lucha interior. “La primera pregunta de mi corazón fue: ‘¿Por qué a mí? Si yo intento ser bueno, si yo he entregado mi vida para ti, ¿por qué a mí?’”.

El pa’i reconoció que, en esos primeros momentos, “no tenía ganas ni de rezar”. Con apenas 28 años, no sabía qué tipo de cáncer tenía ni cuánto tiempo le quedaba. Para él, la palabra cáncer significaba una sentencia de muerte.

Pero, poco a poco, la oración fue transformando su manera de enfrentar la enfermedad. Después de preguntarse por qué le tocaba vivir aquello, empezó a mirar su situación desde otra perspectiva.

“Después de un tiempo rezando también dije: ‘¿Y por qué no?’”, relató.

Con el tiempo, llegó a una conclusión que hoy repite con serenidad: “Dios no me ha prometido no sufrir una enfermedad, sino nada más que su amor”.

Ahora, asegura que ya no le tiene miedo a la muerte. “Esta supone encontrarse cara a cara con el Señor, que es a quien he buscado durante toda mi vida”.

Su fe no le quita el dolor

El sacerdote no pretende pintar el sufrimiento como algo lindo ni negar lo difícil que resulta atravesar una enfermedad. Su esperanza, explica, nace de su fe en Cristo crucificado.

“No quiero romantizar estos momentos porque son difíciles de asumir, pero es a luz de Cristo, a luz del Crucificado que nuestras heridas se purifican”.

Y aclara que creer no significa dejar de sentir miedo, tristeza o dolor.

“Eso no quiere decir que los creyentes no sintamos dolor y que no sintamos tristeza y miedo, pero significa que tenemos esperanza y Él nos da la esperanza, Jesucristo nos da la esperanza”.

Durante el tratamiento, también descubrió el amor de Dios a través de las personas que no lo dejaron solo. Sus padres viajaron desde Colombia hasta España para acompañarlo durante la quimioterapia. Sus amigos y la comunidad eclesial también estuvieron pendientes de él.

“Había tres seminaristas que se turnaban cada noche para dormir conmigo porque yo no me podía mover. Ellos me ayudaban a levantarme”, recordó.

En medio de tanta fragilidad, comprendió que no tenía que atravesar la enfermedad solo. “Sé que su amor me acompañará sea como sea, esté como esté”, afirmó.

De la quimio al altar

Pese a los fuertes tratamientos y las secuelas físicas, Forero intentó seguir cumpliendo su misión como sacerdote. Incluso hubo ocasiones en que recibió quimioterapia un viernes y al día siguiente ya estaba celebrando misas.

“Sentí mucha fortaleza, una fortaleza que incluso me ponían quimioterapia el viernes y el sábado ya estaba celebrando Eucaristías en los pueblos, con la gente, con los niños, porque venía ese ardor tan grande de sentir que Él me acompañaba”, contó.

Además de su labor pastoral, es subdelegado de Cáritas Diocesana de Mallorca, organización con la que trabaja acompañando a personas vulnerables, entre ellas inmigrantes que llegan a la isla en busca de una oportunidad.

“Me gusta mucho la proximidad. Me gusta tocar el sufrimiento humano”, explicó.

Su compromiso con Cáritas comenzó cuando era diácono y le permitió acercarse a realidades difíciles. Ahora, aunque debe cuidarse por la fragilidad de su sistema inmunitario, sigue buscando la manera de estar cerca de quienes necesitan ayuda.

En total, se sometió a seis ciclos de quimioterapia. Los resultados fueron alentadores: en la tercera sesión, un estudio PET-TAC confirmó que el linfoma había desaparecido. Después recibió un trasplante autólogo y los controles posteriores continuaron siendo positivos.

Al mirar hacia atrás, reconoce que la enfermedad también lo llevó a revisar su vida y sus prioridades. “Fue un reto para purificar mi vida”, expresó.

Le escribió al papa León XIV

En junio, durante la visita del papa León XIV a España, el sacerdote decidió escribirle. No pudo participar en las celebraciones presididas por el Pontífice porque estaba recibiendo el trasplante.

Tiempo después, recibió una respuesta a través del secretario del Papa, el sacerdote peruano Edgar Rimaycuna. El gesto lo conmovió.

“Qué bonito sentir que la Iglesia sigue acompañando mi camino”, expresó.

Desde que se hizo público el diagnóstico de cáncer de pulmón del que fue operado el Santo Padre el pasado martes 13 de octubre, Forero asegura que reza todos los días por él.

“Yo sé que al Santo Padre la enfermedad le fortalece también”, manifestó.

Para el joven sacerdote, atravesar una enfermedad no significa que la fe desaparezca ni que el sufrimiento deje de doler. Significa encontrar una razón para seguir adelante incluso en los momentos más oscuros.

“La fecundidad de nuestro sufrimiento a los pies de Cristo cobra muchísimo sentido”, concluyó.

carta del papa

Recibió una respuesta a través del secretario del Papa, el sacerdote peruano Edgar Rimaycuna. El gesto lo conmovió y desde que se enteró que el papa tiene cáncer, reza todos los días por él.

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