En Chubut, provincia de la Patagonia, una carnicería de Trelew puso en su mostrador un cartel difícil de ignorar: carne de burro, a $7.500 (G. 35.250 al cambio) el kilo.
Lo que siguió fue sorpresa, curiosidad… y rechazo en partes iguales. Porque el asado de burro no estaba en el menú cultural.
Detrás del mostrador, sin embargo, hay una historia más práctica que provocadora.
El proyecto, impulsado por productores locales, busca abrir una alternativa ganadera en zonas donde criar vacas ya no es tan viable.
Campos casi desérticos, pero sobre todo la necesidad económica empujan a probar con este animal.
Si bien la carne de burro no está prohibida en Argentina, tampoco tiene el camino libre.
Resulta que no hay frigoríficos habilitados a nivel nacional para su procesamiento, y su venta depende de permisos provinciales y controles sanitarios específicos. En otras palabras, se puede… pero en versión experimental y bajo lupa.
Los productores de Chubut lograron un permiso de “como plan piloto” para medir la aceptación de la gente.
Entre las bondades de esta carne también está el precio. De conseguirse los permisos para vender a nivel nacional, promete ser hasta un 50% más barata que el vacuno.
“Lo que se puso en la góndola, voló”, dijeron
Julio Cittadini, impulsor del proyecto, dijo que tuvo mucha aceptación. “Hasta ahora lo que hemos detectado es que la gente lo ha tomado de muy buena manera. Lo que se puso a disposición del público voló de la góndola”, expresó.
Aseguró que la carne de burro es muy similar a la carne de vaca. Indicó también que el trámite para la obtención de licencias comerciales ya se están realizando. Explicó que la producción se realiza bajo controles sanitarios.