Los globos y carteles con sus colores preferidos ya estaban listos para su vuelta a casa, pero los adornos terminaron desinflados y los carteles, mojados de lágrimas. Don Venancio Villalba ya no iba a regresar a su hogar.
Docente entregado, servidor de la iglesia, cerrista hasta su último suspiro.
El COVID y una enfermedad de base que desconocía lo llevaron a la muerte, el 1 de diciembre.
“Amaba su profesión, se pasaba corrigiendo proyectos, no dormía hasta las 3 de la mañana de tan dedicado que era y la gripe pasó desapercibida. Todo se complicó cuando descubrimos que tenía diabetes”, explicó a EXTRA ña Graciela Castro, su esposa.
El hombre de 57 años amaba el rojo y el azul de su Ciclón querido, colores que compartía con el Club Porvenir, de San Antonio.
Su deseo
“Ambos eran su pasión. Le despedimos así porque ese era su deseo (foto). Él quería irse con la camiseta puesta el día de su muerte, pero nos entregaron un ataúd sellado, entonces le adornamos su altar”, agregó. A un lado, flameaba la azulgrana, al otro, la de Porvenir, varias flores de esos tonos adornaban su última morada.
No llevó la tela, pero don Venancio llevó la azulgrana en su corazón.
Primer clásico sin él
Ayer la familia sintió aún más la ausencia del alma de la casa. “Los clásicos los vivíamos en familia, con un choricito, una pizza o el locro que tanto le gustaba hacer, pero nos quedamos tranquilos porque disfrutó en vida de su Cerro Porteño”, expresó Jessi, su hija.
Bondad: Quería donar toditos sus órganos
Además de hincha del Ciclón, fue socio de Porvenir, servidor activo en la Iglesia, profe en tres colegios de San Antonio e Ypané y presidente de la cooperativa Ypanense de educadores. Pero sobre todo, era un ser comprometido con la bondad.
“Quería donar toditos sus órganos, hasta sus ojos. No le pudimos cumplir eso y tampoco le pudimos dar la despedida que merecía”, lamentó su hija Jessica.