Orlando Daniel Gill Noldín (26) es hijo dilecto de la ciudad de San Lorenzo. Es lo que estipuló hoy la junta municipal de la ciudad universitaria para el golero albirrojo, figura en la victoria de Paraguay contra Alemania en el Mundial.
“Merecido por lo que está haciendo, por darnos tanta alegría. Se merece eso y mucho más”, dijo Raimundo “Tito” Peralta, su formador en su primer club, el 13 de Junio de Reducto.
Cuando Orlando tenía 16 años, “Tito” notó que tenía potencial y le entrenó como arquero. Fue su tutor para ayudarle en sus inicios atendiendo que sus padres trabajaban.
“Todo aprendimos con Dani (así él le llama) en todo este proceso de trabajo de 7 años hasta que fue transferido a Argentina, ahí mucho más aprendió. Una de sus virtudes era atajar penales”, destacó en entrevista con Extraming.
Hasta la BBC de Londres se hizo eco de la historia de Orlando Gill, destacando el capítulo de su vida que su propia esposa, Melissa Ávalos, compartía hace unas semanas en redes sociales. Gill tuvo que vender su indumentaria para costear la salud de su hijo, Lauti, cuando recién nació.
“Hubo muchas otras más situaciones. No fue un proceso fácil, yo me encargué porque para el crecimiento de un futbolista no hay que solamente entrenarle, hay que estar en su día a día, su vida personal y hasta en su vida sentimental. Esa es una de las situaciones que pasó, hubo muchas otras más”, indicó.
Tras ganarle a Alemania, Orlando Gill recibió una calificación de 9,7 en el Sofascore con lo cual supera a José Luis Chilavert, quien recibió 9,1 en la copa de Corea Japón 2002.
Su esposa, Melissa Ávalos, le defendió con los dientes, cuando Chilavert le trozó hace poco, diciendo que Gill no habla en la cancha a sus defensores.
“A su edad de adolescente no era tan recomendable (tener pareja), pero viendo la calidad de Melissa como persona, consideré que tenía que darle un a chance de relacionarse con él porque el ser humano necesita también de ese afecto, ese cariño aunque era muy temprano, pero las condiciones de Orlando ameritaban. Melissa entendió. Se casaron, luego vino Lauti pero en ese preoceso vino muchos tropiezos económicos, no es fácil para un jugador que está en la Intermedia, tener todo”, dijo el profe.
Hoy, Orlando Gill no solo custodia el arco albirrojo con la firmeza de un gigante, sino que le recuerda al país y a los niños que le tienen como ejemplo que, su atajada más importante fue siempre la de no rendirse nunca frente a la adversidad.