Desde que dejó de chutar el balón profesionalmente hace más 13 años, el argentino nacionalizado paraguayo, Ricardo Rojas, se borró literalmente del mapa del fútbol yéndose a vivir en su pueblo natal de Puerto Rico, en la provincia de Misiones a orillas del río Paraná. Aunque, actualmente está en Buenos Aires acompañando a un familiar con problemas de salud.
Ayer los muchachos de la Sobremesa de FALG lo localizaron y conversaron con el exjugador, famoso por el gol de vaselina que le convirtió a Boca en un superclásico disputado en la Bombonera.
Luego de salir del club millonario, Ricky pasó a jugar por un corto periodo en Belgrano de Córdoba en donde se retiro a finales del 2006. Con 35 años le daba todavía el cuero para continuar su carrera futbolística pero otras cosas pesaron en la balanza para inclinarse por colgar los botines.
“Si bien hubo interés de mi representante y otras personas de que siguiera en el mundo del fútbol, me di cuenta de que era necesario establecerme para poder estar con la familia y dedicar un poco más de tiempo a participar en actividades religiosas”, dijo a la 1080 AM. El mundialista con la Albirroja en Francia 98’, es mormón y en aquel momento debió elegir entre ir a un templo o a una cancha.
“Soy miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días, entonces una manera de agradecer todas las bendiciones que he recibido a través del fútbol era permanecer en un lugar y ser más activo dentro de la iglesia. Tenemos reuniones los domingos y justamente ese era el día más ocupado de mi trabajo”, comentó.