Me llamo Sebastián. Resulta que mi peor enemigo en esta vida no es la suegra, sino mi propia señora. Así mismo como están leyendo.
Mi señora se llama Sofía. Ella no me puede ver descansando, así sin hacer nada. Es una cosa de locos: yo me siento dos minutos a tomar terere, ver TikTok o algo, y ella ya me mira con una cara que yo tengo que adivinar qué me quiere decir.
Si no le hago caso a la mirada ya me manda a hacer cualquier cosa. Lo que pasa es que ella siempre está limpiando, ordenando, pero porque ella quiere. Yo le digo dejá eso, vamos a acostarnos, pero no, ella quiere todo limpio todo ordenado, y yo también quiero descansar cuando llego del trabajo.
La otra vez, después de meter doce horas de laburo, llegué, saqué mis calzados y alcé mis pies en la silla. Súper relajadado ya estaba.
No pasaron ni tres segundos y ella ya viene de vuelta: “nde amor, ya que estás ahí al pedo, ¿por qué no subís a limpiar la canaleta?”, me dijo. Porque ndaje por las últimas lluvias se ensució todo.
“Seguro se llenó de hojas”, he’i. Eran las 7 de la tarde, yo ya no quería saber más nada.
Si no es el techo, es sacar la basura, sino que limpiar los cubiertos, que ponerle lavandina al baño. Algo encuentra.
Y estoy sospechando que esto es solo para no verme de balde, le molesta verme descansar.
Y si yo le respondo es para que estalle una guerra mundial. Entonces me callo y obedezco nomás ya.
Para tener cinco minutos de paz tengo que andar por la casa con un martillo y un destornillador en la mano, poniendo cara de preocupado. Fingir que estoy haciendo algo.
TRANQUILO
Ahí recién me deja en paz porque piensa que estoy “haciendo algo”. ¿Qué pasa, licenciado? ¿Es normal que ella no me pueda ver así descansando, no le gusta verme tranquilo pico?
No sé cómo abordar con ella este tema porque se enoja, se molesta mucho cuando se le lleva la contraria, y yo para qué voy a decir otra cosa, no tengo voz ni voto.
Yo quiero poder estar sentado, relajado, ver mi película, las noticias, sin que ella me esté detrás.
La respuesta:
Entiendo que la situación con Sofía te genera un gran agotamiento, sobre todo después de meter doce horas de laburo y querer disfrutar de tu merecido descanso con el terere. Es bastante común que en algunas parejas se den estas dinámicas donde a uno le cuesta parar y tolera mal el ocio del otro, proyectando su propia necesidad de control o limpieza en el compañero. Fingir que estás arreglando cosas con el martillo solo demuestra que estás buscando una estrategia de supervivencia para evitar el conflicto, pero aguantar callado y ceder por miedo a que se arme la tercera guerra mundial no es sostenible a largo plazo.
Para abordar esto sin que salten chispas, vas a tener que buscar un momento de tranquilidad —lejos del cansancio inmediato y de las tareas de la casa— para hablarle desde lo que vos sentís y no desde el ataque. Podrías decirle algo como: “Amor, valoro muchísimo lo trabajadora que sos y cómo cuidás de la casa, pero yo necesito llegar del trabajo y tener un tiempo real de desconexión para recargar pilas, porque así como vos necesitás orden, yo necesito paz mental”. Negociar horarios fijos de descanso y tareas compartidas de antemano puede ayudar a que ella baje la guardia y entienda que tu relax no es holgazanería, sino una necesidad vital.