Hola licenciada, te escribo porque ya no sé qué hacer con mi vida, estoy desesperada. Soy Anita, de Limpio, tengo 27 años y hace cinco años vivo en concubinato con mi pareja, tenemos una nena de tres años.
Él siempre fue retrabajador y rebueno con nosotras, pero hace unos meses cambió por completo y siento que nuestra relación se está yendo todito al mazo.
Todo empezó cuando cambió de trabajo y entró como chofer de un camión repartidor. Ahí conoció a una chica, una pendeja más joven que él, que según mis amigas es una rebandida.
Al principio él me decía que solo eran compañeros, pero mi sexto sentido me decía que había gato encerrado. Un viernes dejó su celular sobre la mesa para ir a bañarse y justo le llegó un mensaje de WhatsApp. No me aguanté, vicheé y casi me desmayé de la rabia.
La tipa le puso: "¿A qué hora vas a venir, mi amor? Te extraño”. Y lo peor es que él le había respondido antes: “Ya salgo de casa, esperame con cervecita”. Ahí mismo se armó el guyryry.
Cuando salió del baño le encaré con el teléfono en la mano y le armé un escándalo de aquellos. Le grité de todo, le saqué en cara nuestros años juntos y él, en vez de pedir perdón me trató de loca, de celosa enferma y me dijo que la tipa es solo una amiga que habla así en joda.
Me juró por la vida de su mamá que no pasa nada, pero yo ya no le creo ni un poquito. Desde esa noche la casa es un infierno.
Él ya no me busca, duerme de espaldas, cuida su celular como si fuera oro; entra hasta al baño con su aparato para que yo no pueda mirar.
Mis vecinas, que son rechismosas, ya me dijeron que le vieron a mi marido en un surtidor de Mariano Roque Alonso tomando cerveza de lo más feliz con la chica esa.
Bolsa Negra
Mis parientes me dicen que le mande a la China, que junte sus ropas en una bolsa negra y le eche a la calle por caradura.
Pero por otro lado, yo todavía le quiero, no quiero que mi hija crezca sin su papá y me da un miedo quedarme sola y pasar necesidades, porque yo solo limpio casas tres veces por semana y no me va a dar el cuero para mantener el alquiler sola.
A veces pienso en tragarme mi orgullo y hacer de cuenta que no sé nada para salvar mi familia, pero el dolor me carcome por dentro y cuando sale a trabajar ya me imagino lo peor ¿Qué me aconseja licenciada?
La respuesta:
Hola Anita. Todo lo que estás sintiendo en este momento, la rabia, la angustia, el dolor, la incertidumbre y el miedo es perfectamente válido y comprensible. Estas en un estado emocional muy intenso, y el primer paso para no dejarte vencer por la desesperación es comprender que no estás “loca” ni estás siendo una “celosa enferma”. Tus sospechas tenían un fundamento real y ver un mensaje así quiebra la confianza de forma contundente. Es completamente natural que sientas miedo al abandono, a la soledad y a la inestabilidad económica. Sin embargo, antes de tomar decisiones drásticas motivadas por el impulso o tomar la decisión de “tragar dolor” y anularte a vos misma, veamos tus prioridades.
Por un lado tienes: “Aguantar y hacer de cuenta que no pasa nada”. Tragarse el orgullo, fingir demencia o aguantar faltas de respeto para “mantener unida a la familia” suele ser una mala decision con el pasar del tiempo. La angustia no desaparece y terminas enfermandote. Tu hija, aunque sea pequeña (3 años), percibe las tensiones, los silencios y las miradas. Crecer en un hogar donde la madre sufre en silencio y existe resentimiento continuo enseña patrones relacionales poco saludables. Por el otro lado tienes: Actuar por Impulso. Seguir el consejo impulsivo de parientes de “meter sus cosas en una bolsa y sacarlo de la casa” puede dejarte en una posición vulnerable en lo emocional y economico. Actuar con la cabeza fría te dará mucha más tranquilidad, resguardo legal y estabilidad para vos y tu nena.
Lo que te sugiero: Priorizar tu estabilidad emocional. Antes de volver a confrontarlo o tomar una decisión definitiva sobre la pareja, necesitás recuperar tu serenidad. Evita espiar permanentemente el teléfono o reaccionar ante provocaciones; esto solo desgasta tu salud mental. Una vez calmados los ánimos, buscá un momento a solas. Planteá las cosas no desde el grito, sino desde tus límites, la confianza y el respeto personal. La fidelidad no se ruega ni se exige con gritos; la madurez de una pareja implica responsabilizarse de las acciones.
Tu principal fuente de miedo es la dependencia económica. Aunque actualmente limpies casas 3 veces por semana, es momento de buscar más días de trabajo. Solicitar apoyo a familiares de confianza para el cuidado puntual de tu hija o buscar capacitaciones o programas sociales.
Que quede claro que la relación de pareja puede terminar, pero la responsabilidad de padre nunca termina. El deber de prestar asistencia alimentaria, salud y vestimenta a tu hija es un derecho indiscutible de la niña, independientemente de si están juntos o separados. La separación de los padres no implica que la niña crezca sin su papá. Se puede establecer un régimen de visitas adecuado para que la niña mantenga el vínculo con su padre en un ambiente sano.
Para tu tranquilidad, en el marco del derecho familiar paraguayo contás con respaldos muy claros. Podés solicitar asistencia de la Defensa Pública (defensores públicos de la niñez, sin costo) y buscar asesoramiento en las siguientes instancias institucionales de orientación gratuita: CODENI (Consejería Municipal por los Derechos del Niño, Niña y Adolescente), Ministerio de la Defensa Pública, donde podés solicitar un Defensor Público de la Niñez,gratuita y el Centro Ciudad Mujer o Línea 137 para contención psicológica, apoyo emocional y asesoramiento integral para mujeres
Anita eres muy joven y es comprensible que tengas miedo, pero no permitas que el miedo decida tu futuro ni el de tu hija. Tomar las riendas de tu vida no significa actuar con violencia, sino con dignidad y amor propio. Vas a salir adelante.