La rutina de doña Fidelina Pereira (65) cambió para siempre desde el miércoles pasado, tras caer de un colectivo de la línea 38, de la empresa Mariscal López S.R.L., en Villa Elisa.
Hace más de 30 años que ña Fidelina trabaja. Actualmente, como limpiadora en dos empresas. Ese día, a eso de las 14:40, ya estaba llegando a su casa, por lo que tocó el timbre para bajar. El chofer paró y también alzó a otra pasajera.
Sin embargo, no se fijó que la señora no se bajó del todo aún y aceleró la marcha. Ña Fidelina cayó a un costado.
El golpe fue tan fuerte que se fisuró en dos partes de la cadera. Desde entonces está en cama, con reposo absoluto, para evitar una cirugía.
“Mi mamá siempre se manejó sola. Nunca dependió de nadie y ahora no puede ir ni al baño y eso le afecta mucho, está deprimida y también con presión alta”, contó a EXTRA su hija, Daisy Ramírez.
Por las noches, el dolor no la deja dormir y por eso se le sube hasta la presión. Pero lo que más le duele no es solo la cadera, sino la dependencia, de caminar a estar postrada de un día para otro.
No le auxilió
Daisy denunció que el chofer no se quedó a auxiliarla y que, hasta ahora, nadie se hace responsable. “El chofer se lavó las manos, la empresa nos derivó al seguro y el seguro pide facturas, pero ella fue al IPS, no a un sanatorio privado”, manifestó.
Unos albañiles que estaban trabajando y un pasajero fueron quienes ayudaron a la doña a sentarse, mientras esperaba a su hija.
“Yo me desesperé, porque no podía moverle, le dolía todo y era por la fisura de sus huesos. Le llevé a IPS San Antonio, pero como era grave, me derivaron a Ingavi”, relató.
Ahora deben pagar una persona que cuide de la doña las 24 horas, pues ella vivía sola en su casa, ya que hace 8 meses enviudó.