Ariana Mabel Jara (46) y Milton César Benítez (47) se conocieron en medio de una fiesta azulgrana, cuando Cerro Porteño salió campeón en el 2001. Ella estaba con unas amigas en el estadio, él apareció entre la multitud, se saludaron, intercambiaron números y desde ese momento comenzó una historia de amor que lleva 24 años.
“Fue amor a primera vista”, contó Ariana a EXTRA, recordando aquel encuentro que cambió sus vidas. Desde entonces, siempre tuvieron el sueño de casarse, pero la plata nunca alcanzaba. Primero estaban sus hijos y las necesidades de la casa.
La pareja vive en el asentamiento Villa Marcelina, de Reducto, San Lorenzo, y desde hace unos años crían juntos a dos hijos de corazón, a quienes recibieron cuando apenas tenían dos meses de vida. “No nos daba el cuero para casarnos, teníamos que cuidar más de nuestros hijos”, contó la flamante esposa, que también está luchando contra una enfermedad.
El sueño finalmente se hizo realidad gracias a la Fundación Santa Librada, que les abrió el camino para participar de la boda comunitaria donde ayer, 95 parejas dieron el “¡Sí, quiero!”. La celebración fue en el predio de la sede social de la Cooperativa Capiatá.
Se bautizaron
En enero de este año Ariana y sus hijos se bautizaron en la capilla Inmaculada, donde una vecina les comentó la posibilidad de poder casarse y ellos aceptaron.
“Sin pensar mucho dijimos que sí, porque era un regalo de Dios y no debíamos desaprovechar”, dijo emocionada,
Ariana siempre quiso llegar al altar y después de tantos años finalmente pudo cumplir ese sueño junto al hombre que conoció alentando al Ciclón. “Con propiedad ahora puedo decir que es mi marido”, dijo entre risas.
“Por fin son mis papás”
Otras de las parejas que dieron el Sí, fueron Norma Beatriz Bogado (42) y Luis Miguel Acosta (42) quienes llevan 17 años juntos. Tienen dos hijos, de 6 y 15 años.
Se conocieron en Capiatá, durante el cumpleaños de un amigo en común, y ambos quedaron flechados.
“Hace tres años nos fuimos a ver cuánto costaba el vestido y todo lo demás, al hacer cuentas, el monto superaba nuestras posibilidades por lo que desistimos”, contó.
Luego conocieron la fundación y hace dos años intentaron cumplir su sueño, pero los documentos les jugaron en contra. “No pudimos conseguir el certificado de bautismo, pero este año sí”, dijo.
El más pequeño fue quien más les insistió y, al verlos casarse, dijo emocionado: “Por fin son mis padres”.