15 may. 2026

Ni plata ni oro: humilde regaló que emocionó

La mujer indígena llevó mandioca al hospital. Antes de irse, rezó por los médicos para darles las gracias.

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Pureó su regalo: El enfermero Mattesich pureó su regalo en Facebook.

Un sencillo pero emotivo detalle conmovió el corazón de médicos y enfermeros del Instituto de Medicina Tropical de Asunción.

Doña Viviana, una abuela de la comunidad indígena Y’apy Santa Isabel, ubicada en el distrito de Yrybucuá, departamento de San Pedro, no quiso irse con las manos vacías tras pasar 22 largos días acompañando a su nieto que se encontraba internado.

La mujer sorprendió a todos con una bolsa cargada de mandiocas gigantescas de su propia cosecha para repartir entre los 15 profesionales que atendieron con dedicación a su familia.

Antes de partir de regreso a su valle, la doña realizó una sentida oración tradicional de su comunidad para bendecir las manos de los doctores y enfermeros que cuidaron de su pequeño durante casi un mes.

El jefe de enfermeros, Enrique Mattesich Pereira, compartió en su cuenta de Facebook la foto de aquel encuentro y relató que este tipo de detalles es lo que mantiene en pie al personal de blanco.

Reciben de todo

Según comentó el profesional, no es la primera vez que la gratitud de la gente del campo se hace sentir en los pasillos del hospital, ya que casi siempre reciben maní, maíz, plantas y otros productos que los pacientes traen desde sus hogares como un tesoro.

Incluso, Mattesich recordó con emoción que en una oportunidad anterior, un paciente agradecido volvió al instituto no con comida, sino con herramientas y materiales para ayudar a refaccionar una parte del edificio por cuenta propia.

“Me hace sentir muy orgulloso, porque los que menos tienen son siempre los que más dan”, señaló.

Lección de humildad

Para los médicos, no fue solo recibir mandioca, sino sentir el cariño y la humildad de una abuela que, pese a todo, se tomó el tiempo de agradecer de la forma más sencilla y sincera que conocía.

El enfermero reflexionó que estos gestos, aunque simples, son los que más llegan al corazón y le dan verdadero sentido a la vocación de servicio.

“Los gestos más simples son los que más alimentan el alma. No fue solo mandioca… fue cariño, gratitud y una gran lección de humildad.”, escribió desde su cuenta.

La publicación se hizo viral con más de 4.800 reacciones y cientos de comentarios felicitando el gran gesto de la señora.

La comunidad de doña Viviana está a más de 200 kilómetros de Asunción.