“Mamá, yo quiero ir a tu casa”. Esa fue una de las últimas frases que Mariza Paola Balbuena Medina, de 26 años, le dijo a su mamá antes de ser asesinada y enterrada en un yuyal en Loreto, departamento de Concepción.
Ña Martina, con el corazón en la boca, ya estaba sobre su moto lista para ir a buscarla a su casa. Era de noche. Sin embargo, no la dejaron llegar. El papá de Antonio González Ferreira (28), pareja de la joven, la atajó por el camino y le pidió que no se metiera.
Le rogó que “arreglen” sus problemas para que su hijo no se quedara solo.Además, el sospechoso incluso habría pedido un mes más para intentar reconciliarse con Mariza, con quien convivió siete años y tuvo dos hijos, de 3 y 5 años.
La mamá de la joven recordó que su hija sufría constantes maltratos verbales y que varias veces quiso salir de esa relación. Y su yerno le decía a todo el mundo que tenía “gauchos” (amantes). “Cuando le pregunté si vio a mi hija con otro, me dijo que no”, contó.
Macabra historia
Pero el lunes, cerca del mediodía, Mariza desapareció y nadie volvió a verla. Su pareja empezó a decir a vecinos y familiares que se fue con su amante y que abandonó la casa.
Incluso mintió asegurando que denunció la desaparición en la comisaría de Hugua Guasu (Loreto, Concepción), pero la policía confirmó que nunca fue. Por lo que tuvieron que obligarlo a hacer la denuncia real.
“Yo le dije (a su yerno) que ella nunca abandonaría a sus hijos. Que la íbamos a encontrar”, dijo la doña ante la prensa.
Cuando lo encaró, el tipo se puso blanco y empezó a temblar como una hoja.
En un pozo
Ayer, a las 8:30, la búsqueda terminó de la peor manera. Siguiendo rastros de sangre que mancharon la casa y las plantas, los investigadores llegaron hasta un yuyal a 60 metros de la vivienda. Mariza estaba enterrada de cabeza en un pozo muy po’i.
El forense revisó los restos y pilló que tenía un tajo en la nuca y la mandíbula toda rota. En el sitio, los intervinientes encontraron una rama gruesa que tenía sangre y pelos; esa habría sido el arma que el tipo usó para molerla a golpes hasta matarla. El sospechoso ya tenía luego orden de captura por haberle garroteado a su exesposa, por lo cual quedó detenido en la Subcomisaría 16ª de Hugua Guasu. El fiscal Arnaldo Argüello investiga el caso.
“Mamá, yo quiero ir a tu casa”. Esa fue una de las últimas frases que Mariza Paola Balbuena Medina, de 26 años, le dijo a su mamá antes de ser asesinada y enterrada en un yuyal en Loreto, departamento de Concepción.
Ña Martina, con el corazón en la boca, ya estaba sobre su moto lista para ir a buscarla a su casa. Era de noche. Sin embargo, no la dejaron llegar. El papá de Antonio González Ferreira (28), pareja de la joven, la atajó por el camino y le pidió que no se metiera.
Le rogó que “arreglen” sus problemas para que su hijo no se quedara solo.Además, el sospechoso incluso habría pedido un mes más para intentar reconciliarse con Mariza, con quien convivió siete años y tuvo dos hijos, de 3 y 5 años.
La mamá de la joven recordó que su hija sufría constantes maltratos verbales y que varias veces quiso salir de esa relación. Y su yerno le decía a todo el mundo que tenía “gauchos” (amantes). “Cuando le pregunté si vio a mi hija con otro, me dijo que no”, contó.
Macabra historia
Pero el lunes, cerca del mediodía, Mariza desapareció y nadie volvió a verla. Su pareja empezó a decir a vecinos y familiares que se fue con su amante y que abandonó la casa.
Incluso mintió asegurando que denunció la desaparición en la comisaría de Hugua Guasu (Loreto, Concepción), pero la policía confirmó que nunca fue. Por lo que tuvieron que obligarlo a hacer la denuncia real.
“Yo le dije (a su yerno) que ella nunca abandonaría a sus hijos. Que la íbamos a encontrar”, dijo la doña ante la prensa.
Cuando lo encaró, el tipo se puso blanco y empezó a temblar como una hoja.
Por su media rosada
Ayer, a las 8:30, la búsqueda terminó de la peor manera. Siguiendo rastros de sangre que mancharon la casa y las plantas, los investigadores llegaron hasta un yuyal a 60 metros de la vivienda. Mariza estaba enterrada de cabeza en un pozo muy po’i.
El asesino creyó que iba a borrar todo rastro. Cavó un pozo angosto y profundo en medio de la maleza y tapó el cuerpo de Mariza con troncos y ramas para que nadie sospechara. Pero el entierro fue tan precario que, apenas los agentes removieron unos 50 centímetros de tierra, apareció el pie de la joven.
La escena fue desgarradora. Antes incluso de sacar el cuerpo completo, la mamá de Mariza rompió en llanto al reconocer una media de color rosa que su hija todavía tenía puesta. Ahí ya no quedaron dudas de que era ella.
El forense revisó los restos y pilló que tenía un tajo en la nuca y la mandíbula toda rota. En el sitio, los intervinientes encontraron una rama gruesa que tenía sangre y pelos; esa habría sido el arma que el tipo usó para molerla a golpes hasta matarla.
El sospechoso ya tenía luego orden de captura por haberle garroteado a su exesposa, por lo cual quedó detenido en la Subcomisaría 16ª de Hugua Guasu. El fiscal Arnaldo Argüello investiga el caso.