Todos gritaban, alzaban sus copas y los fuegos artificiales pintaban el cielo en la costanera de Encarnación, pero casi nadie se dio cuenta de lo que pasaba a un costado.
Mientras se celebraba la llegada del 1 de enero, José Burgos, de 28 años, sacó un anillo, se arrodilló y le pidió matrimonio a su novia, Dahiana Hidalgo, de 26, quien no dudó ni un segundo en decir que sí.
El momento fue todavía más especial porque no estaban solos. En el lugar se encontraban reunidas ambas familias, algunas al tanto de la sorpresa y otras totalmente desprevenidas.
Así lo contó Dahiana, protagonista de esta historia, quien aseguró que para ella todo fue completamente inesperado. Según relató, el principal cómplice de José fue su padre, a quien previamente le pidió el consentimiento.
También estaban al tanto su suegra y algunos cuñados, quienes se encargaron de grabar el conteo regresivo y el instante exacto de la pedida de mano, justo cuando marcaba la medianoche.
“Yo no sabía nada, fue todo de sorpresa”, comentó Dahiana. El anillo también fue motivo de asombro para ella, ya que hasta ahora no sabe cómo su pareja logró acertar con la medida.
Le quedó bien
“No sé cómo hizo para que el anillo me quede justito, no sé si midió uno de mis anillos, pero me quedó muy bien”, mencionó.
La escena parecía más una fiesta de compromiso que un festejo de Año Nuevo. Todos estaban vestidos de blanco, había mesas, comida y bebidas, y el ambiente era de pura alegría. La pedida de mano terminó robándose la atención de quienes estaban cerca.
José y Dahiana están juntos desde hace cuatro años. Ella es comerciante y él trabaja como chofer en una empresa. Ambos son del barrio San Isidro de Encarnación y, según cuentan, el amor fue inmediato.
Por ahora no hay una fecha definida para la boda, pero la idea es casarse primero por civil y más adelante, hacia fin de año, hacerlo por iglesia. El objetivo es que todos los familiares puedan estar presentes, incluso aquellos que viven en el exterior.