¡Ni se mueven, no innovan y algunos hasta parecen estar esperando que termine la función! El “kure mano” podría describir a esas parejas que, entre el cansancio, la rutina y la falta de entusiasmo, convierten el sexo en un trámite más de la vida cotidiana.
¿Se está apagando el fuego entre las parejas? La ciencia viene estudiando el aburrimiento sexual y cómo puede afectar la satisfacción en la cama. Y ojo, porque no siempre se trata de falta de amor: a veces hay cariño, convivencia y hasta ganas de seguir juntos, pero la pasión ya no es la misma.
El sexo se vuelve rutina
Una investigación publicada en 2025 en el Journal of Sex & Marital Therapy analizó a 1.155 mujeres portuguesas que llevaban al menos un año en relaciones monógamas. Los resultados señalaron que el aburrimiento sexual era un factor importante para explicar la satisfacción sexual y de pareja.
El estudio encontró que el aburrimiento sexual explicaba hasta el 32% de las diferencias en la satisfacción sexual de las participantes. Es decir, cuando la intimidad se vuelve monótona, puede pesar bastante en cómo se vive la relación.
Otra investigación publicada en 2023 examinó el aburrimiento sexual y el deseo en parejas de larga duración, y encontró asociaciones entre esas variables y la satisfacción íntima.
¿Lo hacen por cumplir?
Hay parejas que tienen relaciones porque realmente quieren y otras en las que uno acepta para complacer al otro, buscar cercanía o mantener la costumbre. Una revisión científica publicada en 2020 por la Sociedad Europea de Medicina Sexual analizó justamente las diferencias de deseo entre compañeros y explicó que una persona puede comenzar un encuentro sin sentir deseo espontáneo.
El problema aparece cuando la intimidad deja de ser algo que ambos disfrutan y se transforma en una obligación, una rutina o una fuente de frustración. No siempre hay que estar con las revoluciones al máximo, pero si uno busca pasión y el otro parece estar fichando tarjeta, tarde o temprano puede surgir el conflicto.
¿La rutina mata la pasión?
El trabajo, las cuentas que pagar, el estrés, los problemas familiares y los años de convivencia pueden influir en el deseo. También pesan la falta de comunicación y el miedo a decir qué gusta, qué incomoda o qué se quisiera probar.
Y no, tener sexo muchas veces por semana no garantiza una vida íntima satisfactoria. Importa que ambos se sientan cómodos, conectados y con libertad para expresar lo que quieren.