02 ago 2026

Fingió laburar un año entero sin ser pillada

Cumplía horario y solo esperaba la hora de la salida. Escribió su experiencia y se volvió viral.

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Sintió que su puesto era irrelevante. Antes de renunciar, “hizo un experimiento”.

20 minutos.

Leyla Kazim comenzaba sus jornadas laborales como el resto de sus compañeros de una compañía de software en Londres. Sin embargo, no hacía nada.

Ella simplemente fichaba, se sentaba delante de su computadora y aparentaba trabajar hasta que acababan las horas establecidas.

“Desarrollé la sospecha de que mi puesto era irrelevante e inútil” contó en el artículo que ella misma compartió a través de su perfil de Substrack.

Agregó: “Además, mi nuevo responsable parecía tener muy pocas habilidades de gestión y ni siquiera tenía claro en qué consistía su función”, escribió.

Así, en la plataforma de escritura, la mujer relató cómo consiguió pasar desapercibida.

“Decidí hacer un experimento: dejé de trabajar para ver cuánto tardaría alguien en darse cuenta”, relató. Pero lo que esperaba que apenas durase unos días, o quizás semanas, acabó convirtiéndose en un año completo.

“Los resultados cambiaron para siempre mi enfoque profesional”, recalcó.

Aunque lo cierto es que la mujer lo tenía todo planeado. Para que nadie se diera cuenta, creó una hoja de cálculo llena de todo tipo de datos irrelevantes. “La gente pasa, ve todo ese texto pequeño y las columnas, y simplemente asume que estoy trabajando”, bromeó.

Famoso Jagua juka

Lo único que hizo en ese año fue preparar, durante quince minutos a la semana, las reuniones con sus responsables. “Enviaba un par de correos electrónicos y presentar mis novedades con un tono convincente”, dijo.

De esta manera, todo el mundo simplemente daba por hecho que sí que estaba trabajando. Y, en cierta medida, sí que hacía tareas, pero nada relacionado con su puesto.

“Siempre tenía una página web preparada que parecía de trabajo, para poder quitar de la pantalla mi investigación de viajes. Tenía inclinado el monitor y, además, tuve la suerte de estar sentada frente a una ventana, lejos del paso de la gente, así que rara vez alguien veía mi pantalla”, explicó.

Algo que consiguió porque nadie realmente miraba si estaba “haciendo grandes progresos”. Así, finalmente dejó el puesto. Aunque, lo más llamativo es que no se trató de un despido, sino de una decisión propia. Porque, a pesar de tener tiempo libre, sintió que su presencia allí no era necesaria.