Don Justo Bael fue sorprendido por su familia y sus compañeros de trabajo con una emotiva serenata, tras su último viaje como chofer de La Ovetense, antes de acogerse a la jubilación.
Todos sus seres queridos lo esperaban en la Terminal de Asunción cuando volvía de la ciudad de Choré (San Pedro).
“Terminé mis labores después de 40 años, 38 años en papeles, pero dos años antes ya andaba detrás de mis compañeros”, explicó a EXTRA.
En el video publicado por Radio Activa Rosario FM (90.9), se ve cuando los músicos lo agasajan al son de la polca de su club Cerro Porteño.
“Lloré de la emoción, estaban mi hija y mi nieta. Fue también un gran regalo de cumpleaños porque mañana (por hoy) cumplo 60 años”, agregó.
Don Justo hizo trayectos muy largos en el norte. Le tocó llevar y traer pasajeros hasta Pedro Juan, Concepción, Salto del Guairá, Choré y Puerto Rosario.
“Eran 6 a 7 horas de viaje todos los días. En los últimos tiempos ya agarraba viajes más cortos porque ya me cansaba mucho”, dijo.
Las fiestas
Recordó muy emocionado que se privó de fechas importantes con su familia.
“Nunca, por ejemplo, en 30 años pasé una Navidad o un Año Nuevo con mi mamá, que ahora ya falleció”, dijo.
Contó que él es de Villa Ygatimí (Canindeyú), pero hace muchísimos años vive en Villa Elisa. “Ahora mis hermanos ya me invitaron para ir a pasar con ellos estas fiestas”, sostuvo.
Anécdotas
Recordó anécdotas, como cuando una vez, en Salto del Guairá, se quedó varado por 15 días a causa de la intensa lluvia.
Sus pasajeros lo recordaron en redes sociales como un hombre muy servicial y de buen corazón.
“Contaba la gente que lo que él hacía era cobrarles el pasaje a los estudiantes, pero después se iba a devolvérselo a cada uno en su asiento; de esa forma les ayudaba”, relató Mercedes Galeano a nuestro medio desde Radio Activa. Además, si alguien no tenía para pagar, muchas veces no les cobraba.
Se enamoró viajando
Su hija, Cynthia Bael, relató que su papá, don Justo, y su mamá, doña Liduvina Vera, se encontraron y se enamoraron gracias a su profesión de chofer.
“Una de las ciudades a las que mi papá viajaba era Puerto Rosario, y mi mamá es de esa localidad. Ella trabajaba cuando eso en Antelco, lo que ahora es Copaco, y como antes la comunicación era solo por carta o por línea baja, papá se iba al Antelco de Puerto Rosario para llamar a su gente”, empezó a relatar. Fue ahí entonces que don Justo conoció a doña Liduvina y quedó flechado a primera vista.
“Entonces, cada vez que se iba a Puerto Rosario, ya se iba a visitar a mi mamá”, he’i.