Muy enamorada, Andrea Cheverak preparó junto a su mejor amiga una sorpresa romántica para el amor de su vida, Silvio Isaso.
El 14 de febrero del 2024, ella le hizo llegar un hermoso ramo de flores. Silvio estaba en su casa, con su bebé en brazos, y no aguantó las lágrimas de la emoción cuando la amiga le empezó a leer la carta de amor que le mandó Andrea.
Lo que Andrea ni se imaginaba era que Silvio ya tenía todo planeado para pedirle la mano ese mismo día. La amiga, que actuó de cómplice de los dos en secreto, le vendó los ojos a la novia. Al destaparle, Silvio estaba arrodillado frente a ella con un feroz cartel y con un anillo pidiéndole casorio.
“Pensé que solo yo iba a dar la sorpresa”, dijo el flamante esposo.
Ambos se conocen desde hace 14 años, cuando eran compañeros en un colegio para adultos. Siempre soñaron con llegar al altar, pero la cosa estaba un poco ajustada con la plata y no se podía dar.
Por suerte, Silvio, que labura en un súper, pilló que había casamientos comunitarios organizados por la Fundación Santa Librada por medio del programa Sagrada Familia y no dudó en dar el paso.
“Ñandejára acomodó todo a su tiempo”, dijo Andrea, quien hoy ya tiene dos hijos.
¡A escondidas!
Rocío Dosantos (36) y Aldo Rodríguez (37) son otra de las parejas que sellaron su amor después de 20 años de estar juntos.
Eran vecinos, se hicieron novios en la época del colegio y, aunque tuvieron sus idas y vueltas, hace 7 años se acomodaron del todo por su hija, que hoy ya tiene 14 primaveras.
Lo simpático es que Aldo se enteró del casorio comunitario en su laburo y se anotó al toque, sin decirle ni a su señora.
Durante un mes entero, el novio hizo todo el papeleo solo en secreto porque tenía miedo anga de que su señora le rechace la propuesta.
Un día, tomando mate, se animó y le pidió la mano y Rocío aceptó feliz porque era su gran sueño. Así como ellos, un total de 41 parejas se juraron amor eterno en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Cambyretá, Itapúa.