A los 6 años probó el cigarrillo y el alcohol, a los 14 cayó en el crack y hasta llegó a comer de la basura.
Hoy, a sus 24 años, Julio César Villalba Gómez tiene su propia barbería, después de luchar contra las drogas, pasar hambre y soportar las burlas de quienes no creían en él.
Dejó el primer grado sin aprender a leer ni escribir. “No entraba en la clase y me paseaba por el arroyo. A los 12 años probé la marihuana y a los 14 ya consumía crack y también vendía”, contó. Su adicción empeoró tanto que llegó a robar cosas de su casa.
A los 16 años, una señora de una iglesia evangélica le invitó a conocer a Dios. “Mi casa era un aguantadero de adictos, pero yo les dejaba ahí y me iba a la iglesia. Le pedí a Dios que esas personas se alejaran de mí y, de a poco, dejaron de venir”, recordó el joven, que vive en Cambyretá, Itapúa.
Julio vendía mandioca, empanadas y bollos, pero soñaba con tener una profesión. “Lloré y le dije a Dios que quería cambiar. Ahí vino a mi mente la imagen de una maquinita de cortar cabello. Tenía G. 300.000 y me fui a comprar”, recordó. Luego, un barbero le enseñó el oficio a cambio de que limpiara su local.
Tiene otra meta
Como no tenía para comer, tuvo que dejar las clases de barbero e ir a trabajar como albañil. Con su sueldo compraba herramientas y algunos vecinos le daban comida. Al principio, sus cortes salían mal y muchos se burlaban de él, pero siguió practicando hasta que hace poco obtuvo el segundo puesto en un concurso de barberos.
Hace seis años dejó las drogas y hace dos meses abrió su propia barbería, “Barbe Shop”. “Ahora ya nadie se burla de mí, al contrario, los que vienen me dicen que yo voy a ser su peluquero”, expresó.
Por otra parte, mencionó que sus ganas de salir adelante siguen en pie y su próxima meta es aprender a leer y escribir.
Los que desean ayudarle, pueden llamar o enviar audio al (0987) 195-551.