Don Humberto Bernal y su hija Águeda (33), quien tiene una discapacidad visual del 72%, pasaron el peor momento de sus vidas en un bus de la Línea 23 (Ramal Bruno Guggiari).
Aunque la mujer tiene un “Carnet de Pasaje Libre para Personas Ciegas y Acompañante”, el chofer se hizo el ñembotavy.
Según relató el padre, el conductor paró el colectivo en pleno microcentro y se plantó. “Él me dijo que no se movía del lugar hasta que yo abone”, contó indignado.
La situación se puso tan tensa que los demás pasajeros empezaron a quejarse. Una señora, para apurarles, incluso quiso pagar sus pasajes, pero el problema no era la plata, sino el respeto.
“Fue una humillación, una discriminación. Mi hija se sintió mal y me pidió que pague por la vergüenza que sentía”, lamentó el padre.
“Como animales”
Al final, el chofer ni siquiera dijo ni su nombre y les indicó que fueran a quejarse a la parada. Para colmo, el conductor les obligó a que se bajaran del micro de mala manera.
“Me bajó medio tirado como animales, yo le agarré a mi hija del brazo para que no se caiga”, denunció el señor, que reconoció que es la segunda vez que le tratan así en la Línea 23 y agradeció a la Línea 30 que siempre lo tratan con amabilidad.
Por ley
Águeda tiene un certificado de la SENADIS que confirma su ceguera y otras condiciones que la hacen dependiente de un acompañante. Según el decreto vigente, tanto ella como su papá tienen pasaje gratis.
“Solo quieren cobrar subsidio, pero no tienen tolerancia ni consideración”, dijo a Unicanal.