Felicia Martínez alquiló su casa con un espacio de 2 hectáreas en la localidad de San Roque, distrito de José Fassardi, Guairá.
Su inquilino le pagaba G. 500.000 mensuales. El contrato era por un año y se venció en mayo. Cuando quiso volver a ocupar su casa, el habitante se negó a salir, según ella manifestó.
“Dijo que iba a criar ganado confinado, que iba a plantar pasto camerún, que iba a tener chanchos pero sé que es un sinvergüenza”, indicó la propietaria.
Entonces, con la ayuda de los vecinos hizo justicia por mano propia y sacó a la calle todas las cosas de J. A. B. quien sería abogado de Asunción.
“Su profesión posiblemente sea sacar las cosas ajenas. Me estafó, me hizo firmar y se aprovechó de mí porque yo no sé leer”, manifestó en entrevista a Voz Guairá.
Afirmó que por dos meses le “chicaneó” diciendo que se iban a reunir para finalizar el negocio pero postergaba diciendo que su esposa estaba enferma, que su hijo tenía problemas y nunca llegó ese día.
“Los vecinos me ayudaron porque saben cómo es este señor, había sido”, afirmó.
Uso gratuito
La hermana de doña Felicia también acompañó a la comitiva de cerca de 20 mujeres que desalojaron las cosas del inquilino.
Ella leyó el contrato privado que firmó su hermana sin leer, donde dice “usufructo gratuito”, es decir, para que el señor use gratis el terreno.
“No era gratuito porque él le estaba pagando supuestamente a mi hermana G. 500.000 mensual”, explicó su hermana.
Además, el contrato dice que se firmó en Coronel Oviedo y aparentemente tendría que haberse hecho el contrato en José Fassardi. En el papel consta que tenía que quedarse por solo un año y ese plazo ya se venció.
De todas formas, anunció que pedirán un defensor público para que se anule el contrato.
Doña Felicia agregó que recibió amenaza de su inquilino y asegura que si le pasa algo es por su causa. Sostuvo que tiene miedo del casero que vive en la zona al que le contrató su inquilino.
Mientras hacían estas declaraciones, frente a la casa ya había un camión de mudanzas que empezaba a levantar todos los muebles para llevar a otra parte.
Comió en casa ajena
Felicia contó que como no podía entrar a su casa, se quedaba a comer en lo de sus vecinos. Agregó que también está en deuda con ellos.
“A los vecinos nos consta que ella es la dueña, nos unimos para esto no solo para el chisme. Ahora va a vivir en su casa”, aseguró una vecina.
La propietaria contó que la casa está a su nombre, que le pasó a su nombre su finado marido que tenía 71 años, mayor que ella. Vivieron ahí hasta que se mudaron hacia Saltos del Guairá.
“Él tiene una hija pero está a mi nombre el documento, pero el día que yo venda esta casa claro que le voy a dar lo que le pertenece porque yo nunca agarré ni un caramelo de nadie por eso soy pobre”, resaltó.