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Cerro se aplazó en la Academia del Barrio

El Ciclón se dejó estar y Nacional firmó un heroico empate jugando con uno menos.

Así como están las cosas, la situación del equipo B de Cerro Porteño en el segundo semestre ya se volvió una especie de tradición como los Reyes Magos o Navidad: ¡A nadie! Anoche, en una húmeda jornada en el Arsenio Erico, los azulgranas se aplazaron de manera insólita en la Academia del Barrio.

En el cierre de la séptima fecha del torneo Clausura, el Ciclón visitó a su vecino y si bien golpeó primero y estuvo muy cerca de salir airoso, terminó pagando caro un blooper de Rodrigo Muñoz con sus defensores.

A los 22’, Sergio Díaz recibió la pelota en el área rival y más frío que piso de baño, se acomodó y sacó el balón hacia atrás. Ahí estaba Ángel Lucena, quien más eléctrico que Pikachu, la mandó a guardar para desatar el primer grito sagrado. ¡Pika, Pika!

La primera parte se cerró sin más emociones pero con mucha dinámica. Como si el árbitro, Eber Aquino, solo hubiese apretado pausa, la segunda mitad arrancó con la misma adrenalina. A esto se sumaron las piernas fuertes con el correr de los minutos.

El Barbita Candado perdonó a Víctor Dávalos que le metió un patadón a Chico Díaz. El que no se salvó después fue el zaguero tricolor, Claudio Núñez, quien ligó roja directa por un planchazo en la panza a Kure’i Ruiz. ¿Lo quiso cenar al horno?

Rescate

Kóa listoma pensaron los cerristas. Pero, la visita no aprovechó su momento y su vecino lo metió en la escuelita. A los 80’, a partir de un córner, el Popi salió a cazar, vaya a saber uno qué cosa. El golero se chocó con Marcelo Palau y en el segundo palo apareció David La Pesadilla Fleitas, más solo que abogado de Chano Candia en las redes sociales y decretó el milagroso empate.

El tramo final fue a toda máquina. Los dos equipos quisieron ganar y tuvieron sus chances. Muñoz se redimió y le sacó una clarita a Franco Costa, mientras que en la otra área, Diego Churín no se acomodó nunca después de una hermosa jugada de Novick y se quedó con las ganas del grito sagrado.

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