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Preparó coco molido y cambió por una pelota

El cambachivache que enterneció al rollo. Con un martillo y voluntad, Maxwell logró su objetivo.

Esta hermosa historia empieza con un video. El pequeño Maxwell, de 6 años, tomaba el martillo y rompía los cocos que recogió con su mamá al lado de su casa.

Al principio, los frutos eran para el mate dulce, hasta que el nene ideó un mejor plan. “Voy a preparar y conseguir para mi pelota”, le dijo a su mamá, María Lourdes Delvalle.

La idea enterneció a la doña quien subió el pedido al grupo de moda: Cambachivache. Lo que se vino después tocó el corazón de la humilde familia de Luque.

“Un día se adueñó de mi martillo. ‘Yo voy a romper, mami, es mi turno, porque quiero para mi pelota, me dijo’”, recordó María a EXTRA.

La mujer, que es peluquera, comentó que pese a la pandemia nunca les faltó nada a sus hijos, pero que le conmovió que su retoño comprendiera que todo lleva sacrificio y esfuerzo.

“Él tenía su pelota, pero se agujereó. Cuando me dijeron que le iban a dar, nos pusimos felices”, expresó. Tras moler el coco, Maxwell colocó en una bolsita y partió rumbo a su primera camba. Quien le esperaba era Gabi Acosta (foto).

“En cuanto vimos el video, nos emocionamos. Como que mi esposo le preparó a mi hijo Tiago, de 5 años, una colección de pelotas, nos pareció que sería buena idea regalarle una. Le dije a mi nene: ‘Mi amor, hay un niño que no tiene pelota. ¿Vos le podés regalar?’ Sin dudar nos dijo que sí”, rememoró orgullosa.

Equipado

Rechurro, con equipo y todo, apareció Max. “Cuando le vi, me emocioné más, amo todo lo que tenga que ver con criaturas, pero lo que más me gustó fue que esta señora le está enseñando a su hijo a esforzarse y lograr lo que quiera con honestidad y trabajo”, mencionó.

El nene y la mujer hicieron el intercambio y la imagen se viralizó en un flash. “Algunos reclamaron por qué no le regalé nomás, pero yo dije ‘que traiga el coco, porque esa es la esencia’, o sino va a pensar que su trabajo no vale”, agregó.

Gabi no fue la única que se solidarizó. Un muchacho se acercó hasta la casa para dejarle el balón y un botín. “Estoy demasiado agradecida con ellos”, concluyó feliz la guapa mamá.

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