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Columnistas

Ultraviolencia, la ley de la calle

El paraguayo se siente representado por Payo, porque en nuestro día a día resolvemos todo a tongazo limpio.

Es la cultura nacional, la rebeldía de los hijos se “cura” con garrote, toda discusión termina en moquete, y si te pusieron los cuernos, se recupera parte de la dignidad con un buen derechazo al infiel y al cuerno de paso. El partido termina en tongo, en el colegio los chicos se pelean por deporte. Así funciona todo.

Aquel que ha dado un buen golpe, tiene bien aprendido que nada se resuelve con pelea, pero lo hacen porque desestresa liberar la ira y porque hay que demostrar que somos fuertes o estamos fritos.

Cubas se ha vuelto el héroe del país por trasladar la ley de la calle al Congreso. Sin duda, más de un legislador se merece el apysarapo jefe que ligó (anga) el guardia de Lugo. A mí también me gustaría repartir unos cuantos bifes a esa manga de sena-ratas, pero ahí está la cuestión: yo no soy senadora y no tengo la responsabilidad de legislar y defender al país de la corrupción desde el Congreso.

El ciudadano común tiene como programa favorito Señorita Laura y Doctora Polo, es obvio que le atraerá la idea de ver violencia en el Congreso. No me sorprende. Pero sí me asusta la idea de que esto se vuelva costumbre, que las sesiones se conviertan en un reality show que distraigan al pueblo de las cuestiones importantes, que nazca un opio más. No dudo de que las intenciones de Payo sean buenas, pero para cumplirlas lo necesitamos dentro del Congreso. Hay que barrer con la corrupción poniendo a los corruptos tras las rejas y no solo cantándoles las cuarenta. Para eso estamos nosotros, dejanos esa tarea, Payo.

Necesitamos políticos que defiendan al pueblo haciendo cumplir las leyes, que hagan valer nuestros derechos. No hay tiempo para jugar a quién es más macho, no hay tiempo para armar berrinche. El país se hunde literalmente, el pueblo tiene hambre, no pierdas el tiempo, Payo.

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